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El clima

Capítulo II. El medio natural

Por su posición latitudinal (38N) y su situación al Este de uno de los grandes océanos del planeta, el clima de la Región de Murcia mues-tra características típicamente mediterráneas. Los veranos son cálidos y los inviernos frescos, por su posición meridional; la estación seca se produce en verano debido a las oscilaciones estacionales del frente polar (FIGURA 1)

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FIGURA 13. DISTRIBUCIÓN ESTACIONAL DE LAS PRECIPITACIONES EN LA REGIÓN DE MURCIA: INVIERNO (DICIEMBRE, ENERO, FEBRERO, MARZO); PRIMAVERA (MARZO, ABRIL, MAYO, JUNIO); VERANO (JUNIO, JULIO, AGOSTO, SEPTIEMBRE); OTOÑO (SEPTIEMBRE, OCTUBRE, NOVIEMBRE, DICIEMBRE).

FIGURA 13. DISTRIBUCIÓN ESTACIONAL DE LAS PRECIPITACIONES EN LA REGIÓN DE MURCIA: INVIERNO (DICIEMBRE, ENERO, FEBRERO, MARZO); PRIMAVERA (MARZO, ABRIL, MAYO, JUNIO); VERANO (JUNIO, JULIO, AGOSTO, SEPTIEMBRE); OTOÑO (SEPTIEMBRE, OCTUBRE, NOVIEMBRE, DICIEMBRE).

Viento

La orientación OSO-ENE de las grandes líneas de relieve bético canalizan los vientos procedentes del Atlántico. Se trata de vientos frescos y húmedos en los sectores montañosos del Noroeste pero que van adquiriendo características Foehn conforme se desplazan hacia el interior.

Los vientos de procedencia N-NO, que predominan durante el invierno, son secos y fríos debido a su largo recorrido por la península. La presencia de borrascas en el Mediterráneo asociadas a fenómenos de convección da lugar a un régimen de vientos del Este, con características húmedas en el flanco oriental de la región que se van desecando hacia el interior. Esta situación predomina en primavera y verano, extendiéndose al otoño.

La distribución frecuencial de las direcciones de vientos varía de acuerdo con la situación geográfica y configuración del relieve. Los vientos de primer cuadrante dominan, especialmente en la costa oriental y verano. En invierno son más frecuentes los de procedencia Norte y Noroeste. En los promontorios del litoral mediterráneo destacan los vientos de SO y NE. En el observatorio del Castillo de Galeras sobre el Cerro Roldán estas direcciones constituyen el 39.7 % y 28.2 % respectivamente (Capel Molina, 1991). En el interior son más frecuentes los vientos del Norte, aumentando el porcentaje de calmas, que se sitúa entre el 35 y el 45 %.

La velocidad del viento es moderada salvo en el litoral, más expuesto a vientos de levante. Así, en el observatorio de San Javier se registra un recorrido de viento de 122.307 km al año mientras que en Alcantarilla es de sólo 56.458 km al año. Por otra parte, en San Javier se alcanzan 31 días con velocidad media de viento superior a 55 km/hora y 11 días con velocidad superior a 91 km/hora. En Alcantarilla los datos correspondientes son de 11 y 0 días, respectivamente (INM, 2004).

Los factores locales influyen también sobre la distribución de vientos, siendo buenos ejemplos las brisas costeras, ligados al desigual calentamiento y enfriamiento de tierra y mar, a lo largo del día, y los vientos de montaña y valle que se originan por las irregularidades topográficas y la alta variabilidad espacial en la radiación ligada a ellas. La persistencia durante varios días de condiciones que favorecen la presencia de vientos de mar a tierra (fuerte insolación) ha sido reconocida como un factor decisivo en la aparición de tormentas de verano acompañadas de precipitaciones intensas (Estrela y Millán, 1994).

 

Riesgos climáticos

Sequías, lluvias torrenciales, granizo, olas de calor y de frío son los principales riesgos climáticos que afectan a la Región de Murcia. Aunque pueda parecer paradójico, todos ellos están muy interrelacionados y tien- den a aparecer juntos en el tiempo, debido a que todos ellos se originan en un cambio de la circulación at- mosférica (Olcina Cantos, 1994).

Ya se ha visto (FIGURA 2) cómo la circulación zonal del frente polar es uno de los elementos básicos para explicar el clima peninsular. Este frente polar puede adoptar la forma de un cinturón de vientos Oeste- Este (circulación de alto índice) o adoptar un aspecto sinuoso que deja embolsamientos de aire cálido en la zona de aire frío y viceversa. En esta situación, el aire cálido en curvatura anticiclónica genera anticiclones de bloqueo que impide la llegada de las borrascas de frente polar, originando períodos secos. Si esta situación se prolonga en el tiempo, especialmente en invierno, se producen años secos que, concatenados, pueden dar lugar a sequías importantes.

Pero con una circulación de bajo índice, entre los anticiclones de bloqueo se desarrollan vaguadas de baja presión acompañadas de entra- das de aire frío hacia el Sur. Si estas situaciones se acompañan, en superficie, de vientos del Este pueden producir lluvias de alta intensidad, y cuanto mayor sea el recorrido de estos sobre el Mediterráneo mayor será la precipitación caída. En toda la vertiente mediterránea de la Península Ibérica las lluvias torrenciales tienen lugar preferentemente entre septiembre y noviembre; el análisis de imágenes de satélite muestra cómo es en esas fechas cuando la temperatura del agua en el Medite- rráneo alcanza sus valores máximos (López García, 1989).

En verano son habituales las tormentas en el interior, debidas a la acumulación de energía solar en superficie que inestabiliza la atmósfera y provoca el ascenso del aire caliente. Si las gotas de lluvia reciben en su caída un nuevo empuje ascendente debido a la fuerte inestabilidad de la atmósfera, pueden alcanzar capas altas con temperaturas por debajo de cero y helarse produciendo granizo. Evidentemente, la presencia de aire frío en altura debido a una circulación de bajo índice facilita el proceso.

Finalmente, las advecciones de Norte y Noreste provocadas por la circulación de bajo índice van a provocar olas de frío que alcanzarán a la región; por otro lado también pueden provocar advecciones del Sur que producen las olas de calor.

El aire cálido en curvatura anticiclónica genera anticiclones de bloqueo que impide la llegada de las borrascas de frente polar, originando períodos secos. Si esta situación se prolonga en el tiempo, especialmente en invierno, se producen años secos que, concatenados, pueden dar lugar a sequías importantes.

Cambio climático

Las definiciones al uso de clima hacen referencia al estado habitual de la atmósfera, y éste incluye tanto los valores medios de los diferentes parámetros que definen el estado de la atmósfera como las oscilaciones propias de estos parámetros debido a su variabilidad (que suele ser especialmente alta en los climas de frontera, como los semiáridos, debido a las influencias de dos dominios climáticos diferentes) e incluso los casos extremos que, aunque impredecibles, se producen con cierta frecuencia y, por tanto, deben preverse en los planes de ordenación territorial.

En los últimos años la posibilidad, cada vez más evidente, de modificaciones aceleradas en el clima terrestre, debidas al impacto de la actividad humana sobre la atmósfera, ha adquirido un gran impacto social. Los diversos modelos de simulación del clima futuro apuntan a un calentamiento y a una modificación de la disposición de los patrones atmosféricos que induciría otros cambios. Estos modelos trabajan a escala planetaria, por lo que resulta difícil descender a evaluar los resultados a escala local.

Sin embargo, a partir de los resultados obtenidos hasta ahora, diversos autores han planteado las posibles conse- cuencias que estas alteraciones pueden tener sobre el clima murciano, y las perspectivas no son demasiado alentadoras. Los datos que se exponen a continuación se obtienen de la simulación de las condiciones esperables al año 2060.

En primer lugar, se prevé una reducción de la precipitación media anual del 10% en la cuenca del Segura (INM, 1995). Teniendo en cuenta esta disminución, y el lógico incremento de la evapotranspiración debido al aumento de temperatura, cabe esperar una disminución del 28% en los aportes a los embalses (Ayala Carcedo, 1996), que supondrían una pérdida de recursos del 26% para el uso urbano, industrial e hidroeléctrico y del 18% para los regadíos (Ayala Carcedo e Iglesias López, 2000).

El aumento en la evapotranspiración supone además un incremento en el consumo de agua de los regadíos y en las pérdidas por evaporación directa desde embalses y humedales.

Esta reducción de recursos y aumento de los consumos se acompañaría además de un importante aumento de la variabilidad, que haría aún más difícil lograr una adecuada planificación hidrológica para adaptar la sociedad a esta nueva situación. Por otra parte, las perspectivas son similares para las cuencas del Sur y Levante español, de modo que la transferencia de recursos desde otras cuencas tampoco podrá plantearse como solución.

El aumento en la evapotranspiración supone además un incremento en el consumo de agua de los regadíos y en las pérdidas por evaporación directa desde embalses y humedales.

El mar menor desde el espacio

 

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