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La comarcalización regional

Capítulo IV. La organización del territorio: las comarcas

El estudio de un área desde el punto de vista geográfico supone el conocimiento del espacio tal como se ofrece en el momento presente. Se llega a él a través del análisis detenido de todos y cada uno de los elementos que lo constituyen, y que se explican por una serie de factores, unos inscritos en el medio natural y otros derivados de la propia actividad humana y de su evolución, que poseen una proyección espacial.

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El espacio geográfico constituye un sistema de conexiones y combina ciones que es, por sí mismo, objeto que requiere un estudio particular, diferente y añadido al que realizan otras ciencias (geología, meteorolo gía, biología, ecología, demografía, economía, etc.). El hombre agrupado en colectividad es sujeto activo y nexo en esas relaciones complejas que subyacen en el paisaje geográfico, aportando todos los elementos culturales y socioeconómicos por él creados y que llegan a alcanzar tanta o mayor importancia que las condiciones físicas (Plans, 1980).

Originariamente y en la lengua común, el término territorio alude a dos realidades conexas. Por una parte, indica pertenencia y de ahí su valor esencial de demarcación. Por otro lado, hace referencia al soporte físico de esa demarcación. El territorio indica cualquier demarcación geográfica: grandes extensiones, como los continentes; o mínimas, como el territorio doméstico. Las nociones intermedias como Estado, Nación, Comunidad, Región, Comarca o Municipio hacen referencia a diferentes escalas territoriales. Por su parte, el espacio es una manifestación de la propia organización social, pues constituye una dimensión material, extensa, mensurable y perceptible de la misma. Los límites del espacio son más un producto de la propia dinámica social que una propiedad dada de antemano. Términos como hábitat, terrazgo, aldea, ciudad, área metropolitana, periurbana e industrial, centro urbano, región, etc., reflejan formas de la organización social, es decir, son entidades espaciales de naturaleza social.

El fundamento de la Geografía es el análisis del espacio, lo que implica que su atención preferente se dirija hacia el estudio de la organización espacial de las sociedades humanas. Otro aspecto que no se puede olvidar es que los territorios poseen también una clara dimensión política. El poder es, en buena medida, territorial, pues hay que entenderlo como un dominio sobre un territorio. Por lo tanto, el análisis geográfico tiene que plantearse necesariamente en el ámbito de las prácticas espaciales de las administraciones públicas, desde la local hasta la estatal (Estrela y Gil Saura, 1995)

Otro concepto esencial para la Geografía es el de región , que puede definirse como un sistema de conexiones y combinaciones en el que intervienen dos tipos de estructuras: una vertical, formada por la interacción de elementos físicos, biológicos, demográficos, sociales, econó micos, político-administrativos, etc., y otra horizontal, consistente en la relación entre los diferentes ámbitos espaciales de la propia región y de unas regiones con otras. Elementos determinantes de esas estructuras espaciales son las relaciones en el espacio y los flujos económicos, sociales o de información, así como los cambios tecnológicos y su impacto territorial, o la creciente inte gración, a todas las escalas, entre los diferentes espacios regionales. El espacio regional se nos revela como una instancia político- administrativa que se impone a todas las consideraciones anteriores. Los especialistas (geógrafos, economistas o historiadores) intentan describir los elementos objetivos que definen la realidad regional, pero son las dinámicas socioeconómicas, los sentimientos colectivos y, en último término, los poderes políticos y los agentes sociales los que acaban formulando las divisiones territoriales efectivas del espacio (González Ortiz, 1999).

Los sistemas espaciales regionales son necesariamente abiertos, puesto que se hallan vinculados al entorno por flujos comerciales, de capital, de personas, de información, etc. Y son al mismo tiempo dinámicos, ya que los procesos históricos tienen una gran importancia en la conformación de las estructuras espaciales. Sin embargo, el dinamismo no afecta por igual, ni al mismo tiempo, a todos los elementos (tanto de la estructura vertical como de la hori zontal) que constituyen el sistema espacial; por ello existen desequilibrios, desigualdades y tensiones, tanto dentro de una misma región como entre regiones.

Por último, es preciso indicar que toda región forma parte (como un subsistema) de un sistema más amplio, y este, a su vez, de otro y así sucesivamente hasta un sistema mundo. Ahora bien, todas las regiones geográficas a escala mundial, enten didas como sistemas o subsistemas geoeconómicos, están relacionadas por vínculos de interdependencia y flujos comerciales, financieros o demográficos, como resultado de un proceso de integración más o menos dilatado. Es lo que se denomina globalización.

El fundamento de la Geografía es el análisis del espacio, lo que implica que su atención preferente se dirija hacia el estudio de la organización espacial de las sociedades humanas.

La Comunidad Autónoma de la Región de Murcia en su contexto histórico

Tras su inserción en el Convento Cartaginense, en época del Bajo Imperio Romano y, su inclusión posterior en la Spania de Jus tiniano, es el tratado llamado de Tudmîr (Teodomiro), el que según la mayoría de los autores significa la carta de nacimiento de una demarcación territorial, el Reino de Tudmîr, que con diversas variaciones, desem bocará en el futuro Reino de Murcia (MAPA 1).

MAPA 1. EL TERRITORIO DE TUDMIR SEGÚN EL PACTO DE 713. ÁREA DE DERECHO DE CONQUISTA PACTADO EN EL TRATADO DE ALMIZRA.

MAPA 1. EL TERRITORIO DE TUDMIR SEGÚN EL PACTO DE 713. ÁREA DE DERECHO DE CONQUISTA PACTADO EN EL TRATADO DE ALMIZRA.

 

La delimitación de la Región de Tudmîr está poco clara, pues sólo contamos con el nombre de las ciudades que aparecen en el pacto, del que se conservan cuatro versiones diferentes en fuentes islámicas muy posteriores que son, además, imprecisas e incluso contradictorias (Carmona González,1992). Pese a todo, se puede aventurar la hipótesis de que ocupaba, además de la actual Región de Murcia, la mayor parte de la provincia de Alicante (desde Alcoy hacia el sur y el oeste), el sur de Albacete y las zonas más próximas a Murcia de las provincias de Granada y Almería. Esta circunscripción de Tudmîr perdurará hasta la conquista cristiana y aún después de ella, puesto que en líneas generales, el nuevo reino cristiano de Murcia tendrá una ubicación similar.

El Reino de Murcia

Para algunos autores el reino de Murcia es una creación de Alfonso X el Sabio y sus límites tuvieron poca similitud con los anteriores emiratos murcianos (Rodríguez LLopis, 1998). Por otra parte, desde la conquista cristiana, la Murcia castellana, entrenazaritas y aragoneses, tendrá unas fronteras indecisas hasta la unificación definitiva de los Reyes Católicos. Y dentro de las fronteras murcianas las jurisdicciones y su administración serán muy diferentes, según se trate de territorios de realengo, de señorío, de Órdenes o de agrupación de moriscos. En el Tratado de Almizra (28/3/1244), tras los precedentes de Tudilen (1151) y Cazola (1179), se delimita con detalle la frontera entre Aragón y Castilla en las futuras con quistas (Torres Fontes y Molina, 1981). Esta delimitación del Reino se mantiene hasta que, en virtud de la intervención armada de Jaime II (con el pretexto de defender los intereses de los infantes de La Cerda) fue preciso establecer la Sentencia de Torrellas, (8/8/1304). En ella se reducían considerablemente los territorios castellanos pactados en Almizra y se cortaba transversalmente la cuenca del Segura, segregándole la Vega Baja. Por su parte, Jumilla fue objeto de conflictos entre Castilla y Aragón a lo largo de todo el siglo XIV. La frontera con el Reino de Granada presenta, si cabe, mayor inestabilidad, en virtud de los constantes enfrentamientos, razias y escaramuzas entre cristianos y musulmanes. Todos los sectores próximos al actual límite entre ambos reinos estuvieron sometidos a situaciones alternativas (Merino Álvarez, 1978) (MAPA 2 Y 3).

Durante el gobierno de los Austrias, tras la creación del Estado Español (no “nación española”) por los Reyes Católicos, la administración se asentaba sobre diferentes unidades territoriales con legislación y estructura económica y política muy heterogéneas. Únicamente el rey, la religión y la diplomacia internacional eran comunes para todo el imperio. La unidad española se apoyaba en la diversidad y pluralidad de derechos, órganos, administración, representación, lenguas, costumbres e incluso monedas (Segura Artero, 1991).

La llegada al trono de los Borbones en el XVIII introduce en España el primer intento serio de transformar las organizaciones históricas con el objetivo de modernizar el Estado. Felipe V trata de implantar una intensa centralización, suprimiendo los órganos que merman los poderes del rey como el Justicia y las Cortes de Aragón, so pretexto de la posición contraria de esta Corona a su sucesión al trono. En esta línea se generalizan en todo el Estado los corregimientos como delimitaciones administrativas, con un corregidor al frente como representante del rey. En 1718 el territorio se distribuyó en 34 unidades administrativas que comenzaron lla mándose intendencias y posteriormente provincias. Al frente de cada una de ellas se puso a un funcionario que fuera los ojos y las manos del rey, el intendente. Pero se conservaba la pluralidad histórica, la enorme heterogeneidad en todos los aspectos. En el interior de cada circunscripción persistían las subdivisiones tradicio nales (adelantamientos, corregimien tos, merindades, comunidades, her manamientos, sexmos, ochavos, condados, valles, marquesados, aba días, villas exentas, etc.), en definitiva se trataba de un complejo puzzle de delimitaciones. Este panorama perdura durante todo el siglo, como lo demuestra el nuevo intento de esta blecer una división racional de los territorios españoles promovido por el Conde de Floridablanca entre 1785 y 1789 (Moñino, 1789) (MAPA 4).

Para algunos autores el reino de Murcia es una creación de Alfonso X el Sabio y sus límites tuvieron poca similitud con los anteriores emiratos murcianos.

MAPA 2. LA INESTABILIDAD DE LOS LÍMITES Y GÉNESIS DEL REINO DE MURCIA EN EL TRANSCURSO DE LA BAJA EDAD MEDIA.

MAPA 2. LA INESTABILIDAD DE LOS LÍMITES Y GÉNESIS DEL REINO DE MURCIA EN EL TRANSCURSO DE LA BAJA EDAD MEDIA.

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