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La comarcalización regional

Capítulo IV. La organización del territorio: las comarcas

El estudio de un área desde el punto de vista geográfico supone el conocimiento del espacio tal como se ofrece en el momento presente. Se llega a él a través del análisis detenido de todos y cada uno de los elementos que lo constituyen, y que se explican por una serie de factores, unos inscritos en el medio natural y otros derivados de la propia actividad humana y de su evolución, que poseen una proyección espacial.

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La escala regional no se va a discutir aquí. Ya se han hecho suficientes consideraciones con respecto a las características de la Región como ámbito de análisis geográfico. También se ha justificado el criterio de que la actual (y constitucional) estructura autonómica fundamenta con indudable solidez, de cara al futuro, la regionalización de España en 17 Comunidades y dos Ciudades Autónomas.

Sin embargo, el nivel de poblaciones, que tradicionalmente se ha identificado con la estructura municipal requiere algún comentario. Parece indudable que, en el contexto del creciente proceso de urbanización que caracteriza a la sociedad española de las tres últimas décadas, el sistema espacial municipal tradicional ha entrado en crisis, afectando tanto a los pequeños municipios rurales como a los de alto grado de urbanización. La dificultad de mu chos municipios para resolver indi vidualmente muchos de sus proble mas (creación y administración de infraestructuras, equipamientos y servicios; planificación y gestión territorial, medioambiental y económica, etc.) ha generado situaciones difíciles que tienen mucho que ver con el anacronismo de la estructura municipal.

Quede bien entendido que nos referimos a la estructura territorial y geográfica, no a la propia existen cia de los ayuntamientos como primer nivel de organización socioespacial, administrativa, política y jurídica de los grupos humanos. Se puede observar que, junto a municipios minúsculos, existen otros de enormes dimensiones. Hay municipios casi despoblados, y otros de gran desarrollo demográfico. Unos concentran la mayor parte de su población en un solo núcleo, mientras que otros distribuyen sus pobladores entre varios núcleos, en algunos casos muy numerosos y de gran desarrollo. Sin embargo, las competencias legales y los fundamentos administrativos y financieros de todos los municipios son muy similares. A todo ello habría que añadir el fuerte centralismo que caracteriza a muchas cabeceras municipales, unido, en ocasiones, a grandes insuficiencias presupuestarias y de capacidad de gestión. La Región de Murcia es un buen ejemplo de todo esto, como se tiene ocasión de comprobar en el desarrollo de este atlas.

Todo lo expuesto lleva la consideración de que la comarca podría ser la escala territorial que permitiera, si no solucionar, al menos abordar de modo más racional, algunos de los problemas municipales (Puyol Antolín, R, 1980). Al mismo tiempo sería el instrumento más adecuado para intentar corregir los desequilibrios espaciales existentes dentro de las regiones que se han agudizado en los últimos decenios, fruto de políticas de desarrollo inadecuadas desde el punto de vista espacial. La comarca, considerada como entidad territorial institucionalizada, con personalidad jurídica plena y dotada de medios técnicos, administrativos y financieros apropiados, podría tener un papel fundamental como marco espacial idóneo para localizar y resolver los desequilibrios regionales, hacer óptima la preservación y gestión de los recursos naturales, propiciar una adecuada planificación de las infraestructuras (técnicas y de equipamiento social) y promover una política regional que supere los desequilibrios de la malla urbana. Algunas comunidades autónomas emprendieron esta tarea hace tiempo con ritmos diversos.

En Murcia ha faltado tradicionalmente una clara delimitación comarcal, en parte por la ausencia de una distribución con efectividad administrativa, y también por la insuficiencia, hasta hace poco, de estudios geográficos y territoriales a esta escala. A partir de los años cincuenta, se llevaron a cabo numerosas propuestas de división por parte de autores y organismos de diversa orientación (González Ortiz, 1983). La división elaborada por el Departamento de Geografía de la Universidad de Murcia en 1968, (MAPA 8) bajo la dirección del profesor Roselló, ofrece una distribución en ocho comarcas muy coherente: Campo de Cartagena, Campo de Lorca, Bajo Guadalentín, Vega Media, Vega Alta, Cuenca de Mula, Sierras Occidentales y Altiplano de Jumilla-Yecla. Se basa en la delimitación municipal, que es insoslayable y se apoya en criterios múltiples, como son el medio natural, los antecedentes históri cos, las actividades agrarias e industriales, las vías de comunicación, los rasgos demográficos y los aspectos funcionales de las cabeceras comarcales. Plantea los problemas y acepta que, al menos una quinta parte de los municipios es susceptible de discusión en lo que se refiere a la incorporación a una u otra comarca. No obstante, arriesga una división, apoyada en criterios geográficos, que no puede pasar del simple com promiso (Roselló Verger, 1969). A partir de este momento, desde el punto de vista geográfico, va a prevalecer la división del departamento universitario, que será recogida por publicaciones posteriores como la de Reverte (1974) y la de Gil Olcina (1976).

La división comarcal realizada por González Ortiz y Sánchez, en 1981, para la Historia de la Región de Murcia básicamente mantiene la división de 1968 con alguna matización referida al Noroeste, concretamente la incorporación a esta comarca de los municipios de Calasparra y Bullas, hecho suficientemente justificado en varios trabajos, y hoy completamente asumido (MAPA 9) .

MAPA 8. DIVISIÓN COMARCAL DEL DEPARTAMENTO DE GEOGRAFÍA DE LA UNIVERSIDAD DE MURCIA (1968).

MAPA 9. DIVISIÓN COMARCAL SEGÚN GONZÁLEZ ORTIZ Y SÁNCHEZ 1981.

MAPA 9. DIVISIÓN COMARCAL SEGÚN GONZÁLEZ ORTIZ Y SÁNCHEZ 1981.

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Con profundo respeto a los criterios divergentes, desde el punto de vista geográfico y funcional, no constituye ningún disparate seguir manteniendo la distribución comarcal propuesta en 1981 y recogida de nuevo en 1999 con algunos matices (González Ortiz, 1981 y 1999).

MAPA 10. DIVISIÓN COMARCAL SEGÚN FUENTES ZORITA Y CALVO 1984.

El mismo año el Gabinete Técnico del extinguido Consejo Regional de Murcia elabora un estudio-propuesta de comarcalización de la Región de Murcia, fundamentalmente redactado por Fuentes Zorita y Calvo García Tornel y que no se publica hasta 1984 (MAPA 10).

Si se comparan ambas divisiones, lo primero que se observa es que cuatro comarcas ofrecen la misma delimitación, aunque con algún matiz en cuanto a la denominación: Altiplano, Noroeste, Campo de Lorca (Alto Guadalentín) y Cuenca de Mula (Río Mula). En segundo lugar, la tradicional Vega Alta queda dividida en tres unidades comarcales en la opción Fuentes y Calvo (Vega Alta, Valle de Ricote y Vega Media). Los autores defienden este fraccionamiento en función de las notables desigualdades existentes entre sus municipios. Sin embargo, se puede pensar que son más numerosos los aspectos geográficos que los relacionan que aquellos que los dividen. En el área meridional segregan los municipios de San Pedro del Pinatar, San Javier, Los Alcázares y Torre Pacheco para constituir la comarca del Mar Menor, cuya existencia funcional sigue siendo muy dudosa. También resulta problemática la adscripción de Mazarrón. Fuentes y Calvo lo incluyen en el Bajo Guadalentín, aunque su carácter costero podría acercarlo más al flujo de Cartagena. La última diferencia viene marcada por la creación, según los autores citados, de una nueva comarca formada por Fortuna y Abanilla, que constituye un área singular pero sin cabecera comarcal para constituir una unidad funcional. Se puede considerar que estas dos divisiones son las que, desde un punto de vista geográfico y funcional, han tenido más éxito en las dos últimas décadas. De hecho los trabajos más interesantes se decantan por uno u otro.

Hoy, parece que la división comarcal es un hecho afianzado en la Región. Con profundo respeto a los criterios divergentes, desde el punto de vista geográfico y funcional, no constituye ningún disparate seguir manteniendo la distribución comarcal propuesta en 1981 y recogida de nuevo en 1999 con algunos matices (González Ortiz, 1981 y 1999). Es un hecho innegable que buena parte de los nombres, que se acuñaron enton ces, son los que utilizan comúnmente los murcianos e incluso las institucio nes: Comarca de Cartagena, Comarca de Lorca, Bajo Guadalentín, Vega Alta, Cuenca de Mula, Noroeste, Altiplano. El de Vega Media-Huerta de Murcia es el que menos ha prospe rado y más ha transformado su espacio geográfico; ha incluido municipios próximos, pasando a denominarse Área Metropolitana de Murcia, y deja fuera la cuenca de Fortuna-Abanilla. También hay que indicar que parece más adecuado incluir el municipio de Mazarrón en el Bajo Guadalentín (MAPA 11) .

No obstante, es preciso anotar que la vertiginosa dinámica territorial que está transformando profundamen te el espacio de la Región (piénsese simplemente en la nueva red de autovías y en la multiplicidad de proyectos urbanísticos) aconseja estar muy atentos a los cambios de verte bración funcional que, sin duda, se producirán en los próximos años.

MAPA 11. DIVISIÓN COMARCAL DE ESTE ATLAS.

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