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FOTO 5. PLAZA DE ESPAÑA EN LORCA.

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Capítulo III. El medio humano

Las ciudades

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La vida cotidiana de las ciudades de la Región de Murcia, su forma y función, son el resultado de una compleja y dilatada interacción de tres categorías de factores: funcionales, que agrupan a los económicos, sociales, culturales y políticos; físicos, derivados de su localización y emplazamiento y que se manifiestan a través de la topografía, hidrografía, climatología; la planificación como respuesta que en cada momento ha dado la ciudad a los diferentes impactos derivados de la dinámica de los dos anteriores. El modo de producirse esta interacción determina el papel que ejerce la ciudad en el territorio en el que está inmersa así como su definición y clasificación.

LOCALIDADES DE LA REGIÓN DE MURCIA REFERENCIADAS EN LOS ESCRITOS ÁRABES DEL SIGLO XI AL XV. FUENTE GARCIA ANTÓN (1980).

LOCALIDADES DE LA REGIÓN DE MURCIA REFERENCIADAS EN LOS ESCRITOS ÁRABES DEL SIGLO XI AL XV. FUENTE GARCIA ANTÓN (1980).

Esta compleja interacción, con sus cambios a través del tiempo, junto a las peculiaridades de la situación y el emplazamiento con que se pretende responder a la función para la cual se funda la ciudad, dan una nota de originalidad y hasta distinción a la forma actual de las ciudades. Una originalidad que se concreta en la combinación, yuxtaposición o superposición de tramas, tejidos urbanos que definen los diferentes subsistemas que integran la ciudad. Esta yuxtaposición, combinación o superposición es responsable de la acusada pérdida de legibilidad de las ciudades, pero también de la falta de articulación, fenómeno que deriva en serios conflictos para la movilidad urbana.

La distribución y definitivo asentamiento de la población debe mucho al fuerte impacto del papel jugado por la historia vivida por cada ciudad y más concretamente a la Edad Media, donde puede afirmarse que se origina la actual organización urbana regional. Entre unos momentos y otros, tan distantes y distintos, la sucesión de factores con su imperceptible juego se encargan de modificar el escenario de la vida urbana, los tramoyistas adaptan el entramado urbano a las nuevas necesidades, pero no pueden evitar dejar huellas indelebles que configuran el paisaje actual. Adaptaciones, remodelaciones, proceso industrializador y consiguien te desindustrializador, urbanismo operativo, terciarización, proceso urbanizador, periurbanización, in traurbanización y gentrificación con que se pretende salvar los cascos históricos, etc., dejan una ciudad heterogénea por la que resulta difícil y complicado desplazarse sin originar fuertes costos económicos, sociales y medioambientales.

Nuestras ciudades, a medida que se ha precipitado el final del siglo XX, se han convertido, cada vez en mayor medida, en los principales centros de actividad económica, so cial y cultural como consecuencia del brusco proceso urbanizador por el que ha atravesado la Región debi do a que todo el mundo desea vivir en la ciudad, por la multitud de contactos y actividades que origina. Esta dinámica urbana desencadena una movilidad interna derivada de las múltiples relaciones sociales y educativas, trabajo, servicios, etc., pero también mantiene intensos flujos con el exterior, bien por la atracción que genera, bien por las diversas necesidades que tiene del entorno.

Movilidad

La compleja dinámica que hoy agita a las ciudades murcianas puede de cirse que es la razón de ser y existir de las mismas. Pero en pleno siglo XXI se desborda el concepto de modo tradicional de vida y trae como consecuencia una intensificación de la movilidad. Esta nueva concepción es el gran reto que tienen ante sí, la búsqueda de soluciones al elevado número de disfuncionalidades que sociedad terciaria plantea.

Las actuales ciudades de la Región de Murcia presentan una gran heterogeneidad en su paisaje, muestran con absoluta claridad, tanto en su morfología como en su estructura, el toque distintivo de las distintas fases que le han tocado vivir a lo largo de su trayectoria urbanística. Cuando se observa su plano actual se descubre inmediatamente la oposición de su antiguo recinto, generalmente amurallado, con el espacio urbano que se configura en la segun da mitad de la pasada centuria.

Nuestro propósito se centra en apuntar aquellos aspectos que mejor caracterizan el proceso reciente seguido por nuestras ciudades, teniendo muy en cuenta el papel jugado por su emplazamiento y las razones por las que se funda la ciudad para definir la originalidad y distinción de la forma actual.

CARTAGENA EN EL SIGLO XVIII según Fernández Villamarzo. Se advierte claramente la presencia de los elementos estructuradores de la función militar en la ordenación de la ciudad, derivada de las Ordenanzas de Pando y Patiño y las subsiguientes Ordenanzas de Intendentes y Corregidores de 1749.

CARTAGENA EN EL SIGLO XVIII según Fernández Villamarzo. Se advierte claramente la presencia de los elementos estructuradores de la función militar en la ordenación de la ciudad, derivada de las Ordenanzas de Pando y Patiño y las subsiguientes Ordenanzas de Intendentes y Corregidores de 1749.

Valoración del emplazamiento

La heterogeneidad de unidades geológicas y geomorfológicas, que caracterizan a la Región de Murcia, da lugar a la aparición de una sucesión de llanuras, depresiones y cuencas que se intercalan entre cordilleras, para configurar un medio que ofrece al hombre posibilidades paradójicas, cuando no contrapuestas, de acuerdo con el contexto en que se considere. El extremo oriental del sistema Penibético muestra en la Región la particularidad de descender en brusco declive hacia el mar sin conseguir grandes alturas. Merece destacarse el papel jugado por su disposición y proximidad a la línea de costa, porque da lugar a la formación de espacios resguardados y, por ello, apetecidos por los pueblos que tem pranamente surcan el Mediterráneo. No menos positivo resulta el trazado de la depresión prelitoral, un gran plano inclinado que desciende con escaso desnivel desde suroeste a noreste, recorrido en principio por el Guadalentín y, ya en las puertas de la ciudad de Murcia, por el Segura, para ejercer un extraordinario papel en las relaciones mantenidas entre las tierras alicantinas y las almerienses y granadinas, ventaja que es aprovechada para asentar buena parte de los núcleos urbanos que juegan im portantísimos papeles en la historia murciana y que en la actualidad muestran mayor dinamismo. Depresión que encuentra continuidad hacia el interior peninsular a través de las Vegas Media y Alta del Segura.

Además los abundantes relieves montañosos individualizan otras unidades espaciales en las que se acomodan pueblos y ciudades de rancio saber histórico, como ocurre con el estrecho y pequeño Valle de Ricote; las depresiones terciarias de Mula y Fortuna; el glacis del Campo de Cartagena, que en un gran plano inclinado va a desaparecer debajo de las aguas del Mar Menor; las altas tierras de transición a la Meseta en las que encuentran su destino Jumilla y Yecla.

Son abundantes y continuadas las fuentes históricas que relatan el alto valor estratégico-militar y comercial que el territorio murciano desempeña desde muy antiguo. Sus ocupantes entran desde muy tempra no en contacto con pueblos que son buenos navegantes y están dotados de un gran espíritu comercial. Esta razón, unida a la gran riqueza minero-metalúrgica, en primer lugar, y a la agrícola, más tarde, hace que las ciudades murcianas ejerzan una au téntica funcionalidad en el comercio internacional. Funcionalidad que va a fijar las bases del actual modelo territorial a través de una dilatada historia.

El asentamiento de cualquiera de nuestras ciudades no es un hecho aislado; el nacimiento y posterior desarrollo, el desempeño de tal o cual función es un factor condicio nado por su situación, por el entorno, por la localización respecto de los grandes acontecimientos.

El proceso de instalación de nues tras ciudades es un claro ejemplo de la dialéctica hombre/naturaleza, de ahí que en buen número de ellas resulta fácil distinguir el emplaza miento primitivo en yuxtaposición con un emplazamiento configurado por la posterior expansión urbana.

 

 

 

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