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FOTO 5. PLAZA DE ESPAÑA EN LORCA.

FOTO 5. PLAZA DE ESPAÑA EN LORCA.

Capítulo III. El medio humano

Las ciudades

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Con frecuencia los nodos más importantes de la ciudad se encuentran fuera de su trama urbana. Son puntos focales intensos hacia los que convergen tanto los residentes como los visitantes, convirtiéndolos en puntos de reunión por lo que adquieren importancia e incluso cierto papel funcional. Adquieren tanta fuerza en la configuración de la imagen de la ciudad que, pese a la distancia, son el más fiel referente.

Los grandes hitos del urbanismo regional

Con independencia del papel jugado por diferentes ciudades en distintos momentos de nuestra historia, puede afirmarse que la organización urbana de la Región de Murcia empieza a gestarse en la Edad Media, pues, como señala García Antón (1980) “El paisaje murciano a la llegada de los conquistadores árabes es una vasta zona esteparia unos núcleos de población se constituyen como oasis, muchos de los cuales, tras el decaimiento de la ciudad romana, llevan una vida cerrada sobre sí mismos, con una economía de subsistencia”.

EL BARRIO DE SAN CRISTÓBAL DE LORCA

EL BARRIO DE SAN CRISTÓBAL DE LORCA. La fotografía refleja buena parte de los elementos que estructuran la imagen de una ciudad. Aquí la barrera del Guadalentín es superada por la presencia de los puentes, el moderno y el antiguo, que se han convertido en hitos de la ciudad. Autor. J. L. Andrés

Este paisaje empieza a cambiar al compás de los acontecimientos políticos. Con la ocupación del Islám la evolución busca satisfacer la necesidad de defensa, una función que impone la forma de la ciudad en una trama que obedece a una concepción cultural, de ahí el complejo dédalo de callejuelas y callejones sin salida. A partir del siglo XIII, cuando los campanarios em piezan a sustituir a los alminares y las iglesias desplazan a las mezquitas, se produce una modificación de la trama urbana en torno a la nueva iglesia o al convento. La trama islámica es “cristianizada” y las fortalezas y castillos inician el declive de su antigua funcionalidad. Sin embargo, la impronta primera de la ciudad, a pesar de las intensas remodelaciones, sigue imperante en el callejero actual.

A partir de estas transformaciones, tan sólo se registran actuaciones muy puntuales; la más generalizado es el descenso definitivo de la vida cotidiana del promontorio en el que se encuentra el primitivo emplazamiento hasta el valle fértil. Puede afirmarse que el proceso urbaniza dor de nuestra región conecta plenamente con la aseveración de Benevolo “Los mecanismos de la Revolución Industrial -el aumento de la población, el aumento de la producción industrial y la mecani zación de los sistemas productivos, que se van perfilando en Inglaterra a partir de mediados del siglo XVIII y se extienden, con más o menos retraso, por los restantes estados europeos- cambian por vez primera desde el siglo XIII, el sistema de asentamientos europeos, tanto en cantidad como en calidad”.

Industrialización

Abordar los hitos urbanísticos de nuestra región desde el siglo XVIII es una tarea tan compleja que exige una justificación en la elección. Justificación que encontramos de la mano de Lefebvre (1968) cuando afirma que "Para presentar y exponer la problemática urbana, se impone un punto de partida: el proceso de industrialización. Sin lugar a dudas, este proceso es el motor de las transformaciones de las sociedades desde hace siglo y medio. Distin guiendo entre inductor e inducido, podríamos situar como inductor al proceso de industrialización, y enu merar entre los inducidos a los problemas relativos al crecimiento y planificación, a las cuestiones que conciernen a la ciudad y al desarrollo de la realidad urbana y, por último, a la importancia creciente del ocio y las cuestiones referentes a la cultura".

Desde el siglo XVIII hasta hoy en nuestra región pueden distinguir se procesos inductores de diferente magnitud y significado; todos ellos plantean muy desiguales impactos inducidos a los que las diferentes ciudades tienen que dar respuesta eficaz, para tal fin se recurre a figuras que el ordenamiento jurídico de cada momento pone a disposición de quienes tienen la responsabilidad. Para seguir un orden de exposición lineal y detallada, este amplio pe riodo cabe estructurarlo en cuatro grandes etapas, definidas por otras tantas disposiciones oficiales que resultan fundamentales en el análisis histórico del urbanismo:

  • 1ª.- Antecedentes: Influencia del racionalismo (segunda mitad del siglo XVIII).
  • 2ª.- Las operaciones de ensanche, saneamiento y reforma interior (1895-1923).
  • 3ª.- Impacto del Estatuto Municipal (1924-1940).
  • 4ª.- El urbanismo operativo (1940- 1976).

 

CALLE DE MORATALLA

CALLE DE MORATALLA. En múltiples ocasiones la accidentada topografía de nuestras pequeñas ciudades históricas, como consecuencia de la función para la que son fundadas, hacen perder toda funcionalidad, incluso la residencial por no acomodarse a la vida moderna, donde la accesibilidad en automóvil se ha convertido en fundamental. Este es uno de los factores más decisorios en el efecto de abandono del primitivo emplazamiento.Autor: J. L. Andrés.

GRAN VÍA DE MURCIA

GRAN VÍA DE MURCIA. Las calles son elementos predominantes en la imagen de la ciudad, su importancia varía con la función que ejercen. La Gran Vía de Murcia desempeña el papel de eje vertebrador de la ciudad, centro comercial y vía de penetración en la ciudad. Es un buen ejemplo de las operaciones que realiza el urbanismo operativo en la remodelación de los cascos históricos. Autor. J..L. Andrés.

VISTA DE CEHEGÍN. Autor: Hernández Pina. CORREDERA DE LORCA

VISTA DE CEHEGÍN. Autor: Hernández Pina.

CORREDERA DE LORCA. La Calle Corredera en Lorca desempeña una importante función como centro neurálgico de la ciudad, en ella se concentra la actividad financiera, las relaciones de la vida cotidiana de la ciudad de mayor trascendencia y es el reflejo de la sociedad lorquina. El hecho de ser una calle peatonal constituye un valor añadido en su compleja funcionalidad. Autor: Alburquerque.

 

La primera etapa surge como consecuencia de la designación de Cartagena como capital departamental y la consiguiente construcción del Ar senal, decisión que supone la creación de un espacio que muy bien podría calificarse como de “complejo industrial”. Una funcionalidad de esta naturaleza genera una heterogénea demanda de usos de suelo que espreciso ordenar. El interesante e intenso diálogo inductor/inducido que surge en torno a la Bahía de Cartagena demanda una respuesta por parte del Concejo Municipal para ordenar y planificar la ciudad. En este sentido surgen las que hemos dado en llamar las Ordenanzas de Pando y Patiño, Corregidor y Gobernador de lo Político y Militar de la Plaza de Cartagena, que se anticipan a las Ordenanzas de Intendentes y Corregidores de 1749, en las que se contenían recomendaciones de policía urbana. El establecimiento del Departamento Marítimo de Cartagena extiende sus impactos al resto del territorio regional. Buen ejemplo es el nacimiento de la ciudad de Águilas, cuyo primer proyecto es obra de Sebastián de Feringán, el mismo ingeniero que firma el plano del Arsenal de Cartagena. Diseña una ciudad militar con un trazado pentagonal, un proyecto que aunque no se llevó a cabo sí que marco las pautas a seguir. Además se asientan las bases de las futuras infraestructuras regionales.

Perspectiva sanitaria

La segunda etapa está caracterizada por una preocupación fundamental: el desarrollo de los espacios urbanos bajo la perspectiva sanitaria. Un de sarrollo impulsado por un nuevo despegue económico derivado de la vocación exportadora de la Región, la minería de la Sierra de Cartagena, la agroindustria de Murcia y la incorporación de otras ciudades generan un activo comercio con consecuencias importantísimas en las infraestructuras regionales, como el trazado del ferrocarril y la construcción del puerto comercial de Cartagena, que van a tener un impacto irreversible en la nueva ordenación territorial, incluso supone el nacimiento de la ciudad minera de La Unión.

La legislación de ensanches va a cobrar un impulso decisivo con la Ley de 26 de junio de 1892, que regula los ensanches de Madrid y Barcelona, pero lo significativo de esta Ley para nuestra Región lo en contramos en el artículo 30: “el Go bierno de S.M. , oído el Consejo de Estado en pleno, podrá aplicar las disposiciones de la presente Ley a las poblaciones que se encuentren en circunstancias análogas a Madrid y Barcelona”. El despegue económico derivado de la industria minero-metalúrgica que se inicia en la últimas décadas del siglo XIX en la Sierra de Cartagena, justifica plenamente la necesidad de que la Corporación Municipal acuerde por unanimidad, en sesión celebrada el 29 de diciembre de 1894, confiar a los arquitectos D. Pedro García Faria y D. Francisco de Paula Oliver, los estudios necesarios para llegar a la formación de un proyecto que comprenda el Ensanche, Saneamiento y Urbanización de la ciudad.

En menor medida que la apuntada para Cartagena otras ciudades de la Región van incorporando su expansión urbana a las ideas derivadas de la Ley de Ensanche. Un buen ejemplo lo constituye Cieza con el Plan de Ensanche de Templado, proyectado en 1916 sobre la llamada “Huerta de Cieza”, que ampliaba el suelo urbani zable según una cuadrícula ortogonal. El Estatuto Municipal de 1924 tiene una tremenda trascendencia para todas las ciudades de la Región como se desprende de su artículo 150 “es de exclusiva competencia de los Ayun tamientos entre otras funciones, toda la materia urbanística, apertura, afir mado, alineación y ornato de las vías públicas, parques, jardines y cuales quiera otros medios de comunicación o esparcimiento, dentro o fuera del poblado”. Todas nuestras ciudades lo adoptaron en mayor o menor me dida y ofrecen en su paisaje sus im pactos.

Urbanismo operativo

Por último, el urbanismo operativo ha sido definido como el conjunto de procedimientos que permite a los poderes públicos emprender, en el interior de un perímetro dado, una transformación del espacio y del marco de vida urbana, en ejecución de un proyecto que ha asumido, según un calendario que se ha fijado y conforme a unos presupuestos establecido provisionalmente.

Este modo de actuar tiene dos etapas bien diferenciadas aunque los efectos sean los mismos. La primera se extiende desde 1940 hasta 1976 y el protagonismo corresponde a la Obra Sindical del Hogar, brazo ejecutor de la doctrina dictada por la De legación Nacional de Sindicatos. La segunda etapa adquiere carta de na turaleza tras la Reforma de la Ley 19/1975 sobre el Régimen del Suelo y Ordenación Urbana, que nace con fuertes dosis utópicas como consecuencia de los acontecimientos que se desencadenan en la vida española, que culmina con la aprobación por Real decreto 159/1978 del Reglamento de Planeamiento para el desarrollo y aplicación de dicha Ley. Dos conse cuencias de singular trascendencia se producen en el urbanismo de nuestra Región, por una parte el crecimiento periférico de las ciudades y la remo delación y abandono de los cascos históricos. La causa/efecto de este urbanismo se justifica por el crecimiento demográfico de las ciudades. El proceso de urbanización lleva numerosas familias a las ciudades que buscan hogares confortables y que no aparecen en unos cascos urbanos escasamente equipados y adecuados a la vida urbana moderna. Este suelo aparece en la periferia donde se dan condiciones más propicias para la edificabilidad y la movilidad, y, además, es mucho más barato. Esta dinámica vacía demográficamente el centro urbano al mismo tiempo que se terciariza por efectos de la nueva eco nomía y se llevan a cabo fuertes remodelaciones que desfiguran sus señas de identidad. El resultado es un crecimiento indiscriminado de la periferia y la aparición de un intenso tráfico hacia el centro histórico en una perspectiva que se aproxima a la situación que puede denominarse como de la “pescadilla que se come la cola”. Perspectiva que significa mayores amenazas a los centros históricos.

PLAZA DE SANTO DOMINGO (MURCIA)

PLAZA DE SANTO DOMINGO (MURCIA). Autor: J. L. Montero.

PLAZA DEL AYUNTAMIENTO DE ALHAMA. Autor: J. L. Montero.

PLAZA DEL AYUNTAMIENTO DE ALHAMA. Autor: J. L. Montero.

 

 

 

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