Estás en : El medio natural > Las inundaciones                        Mostrar menu
Las inundaciones

Capítulo II. El medio natural

Las inundaciones son uno de los riesgos naturales más frecuentes que tienen lugar en la Región de Murcia. El río Segura y sus principales afluentes, llámense ríos o ramblas, se caracterizan hidrológicamente por su irregularidad, alternándose enormes crecidas con inundaciones y acusados estiajes. Rogativas para que llueva y lamentos por las inundaciones son una constante en la historia de Murcia (Couchoud Sebastiá y Sánchez Ferlosio, 1984).

Las inundaciones

Página 3 de 5

1 2 3 4 5

Otras causas

Un elemento a tener en cuenta es el efecto difusor de la inundación que se produce mediante el complicado sistema de riego de la cuenca del Segura, que compuesto por 36 “azudes” de deriva- ción y 89 tomas de acequias dan riego a 52.000 ha a lo largo de unos 200 km del río. Intimamente unida con la red de acequias se ha desarrollado una red de “azarbes”, que son los cauces que drenan las tierras regadas, y cuyas aguas, si la calidad lo permite, pueden volverse a utilizar para regar tierras situadas aguas abajo. La red de acequias (aguas nuevas) y azarbes (aguas viejas), constituyen todo un complejo sistema, en el cual las acequias se sitúan en las posiciones más elevadas, mientras que los azarbes ocupan los surcos u hondonadas (Roselló Verger, 1989). En época de crecidas toda esta red de riego que cubre la superficie de la huerta puede llegar a distribuir la crecida por todos los rincones. Los azarbes invierten el sentido de su flujo normal (desde los campos de cultivo hacia el Segura o Reguerón) y se transforman en nuevos brazos de la crecida (Juárez Sanchez-Rubio, 1989). En las inundaciones de 1987 especialmente, toda esta red de riego y drenaje tuvo un efecto muy negativo.

MAPA 1. MAPA DE PELIGROSIDAD POR INUNDACIONES. FUENTE ITGE, 1995.

MAPA 1. MAPA DE PELIGROSIDAD POR INUNDACIONES. FUENTE ITGE, 1995.

RAMBLA DE CHURRA EN SEPTIEMBRE DE 1997. LAS AGUAS SIGUEN SU CURSO AUNQUE LA RAMBLA SEA AHORA UNA CALLE. FOTO F. BELMONTE SERRATO.

RAMBLA DE CHURRA EN SEPTIEMBRE DE 1997. LAS AGUAS SIGUEN SU CURSO AUNQUE LA RAMBLA SEA AHORA UNA CALLE. FOTO F. BELMONTE SERRATO.

Áreas potenciales de riesgo de inundación en la Región de Murcia

El Plan Hidrológico de la Cuenca del Segura, redactado por la Dirección General de Obras Hidráulicas (MOPU, 1988) clasifica las zonas de riesgo en tres categorías de peligrosidad potencial: máxima, media y mínima.

(1) Las zonas con peligrosidad natural potencial máxima son principalmente la Vega Media del Segura y el Valle del Guadalentín, aguas arriba de Lorca.

(2) Las zonas con peligrosidad media son: La Vega Alta del Segura, desde Los Almadenes a La Contraparada; El Valle del Guadalentín, desde Puerto Lumbreras hasta el Reguerón; y la zona de influencia de las ramblas del Albujón y Benipila, en las proximidades de Cartagena.

(3) Las zonas con peligrosidad moderada son: El valle de la rambla de Corneros, aguas arriba del embalse de Puentes; los valles de los ríos Pliego y Mula; el valle de la rambla de Arcos y el valle alto del Segura, aguas arriba de Los Almadenes. Los cauces de algunas ramblas como la de Totana, Charco, Las Moreras, del Judío y del Moro, también se han clasificado de peligrosidad natural potencial máxima. Ha de tenerse en cuenta que debido a las diferentes obras de infraestructura realizadas (encauzamientos y presas) la peligrosidad real será menor.

Respecto al porcentaje de superficie que puede afectar a los diferentes cascos urbanos si se produjera una inundación importante es el siguiente: Murcia el 100%, Alcantarilla 80%, Cartagena 20%, Lorca 15%, Puerto Lumbreras y Molina de Segura el 10%, Totana el 6% y Calasparra, Cieza, Archena y Jumilla el 3% (MO- PU, 1988).

Medidas de defensa contra las inundaciones

Para la prevención de las avenidas e inundaciones se han propuesto y realizado a lo largo de la historia distintas actuaciones que pueden ser clasificadas en acciones estructurales y no estructurales (Carles Genovés, 1989; Mateu Bellés, 1990, Palancar Penella, 1990, etc.).

Acciones estructurales

Las acciones estructurales consisten fundamentalmente en obras de infraestructura hidráulica, que modificando el régimen natural, o las condiciones de desagüe del cauce, permitan reducir el riesgo de inundación o aminorar los caudales de la misma. Entre ellas se pueden citar: construcción de embalses, diques, malecones y muros de contención, encauzamientos, trasvases, desvíos, cortas y corrección de cuencas.

Si se hace un poco de historia, parece ser que fueron los romanos los que iniciaron, tímidamente, algunas obras de aprovechamiento de avenidas, como lo atestiguan los restos encontrados en el congosto de Puentes o en los parajes de “Peñones”, “Torrecilla” y “San Julián” (Bautista Martín y Muñoz Bravo, 1986). En época árabe no existía ninguna obra de regulación y éstos trataron de controlar las avenidas y de utilizarlas, por medio de los “cauces de diseminación de avenidas”. Una avenida es subdividida sucesivamente, por cauces de sección decreciente, con un trazado similar a los dedos de una mano, de forma que en el mínimo tiempo posible el agua, cargada de tarquines, llegaba a los regadíos más lejanos, los fertilizaba y quedaba simultánea- mente reducido el efecto destructor de la avenida (Bautista Marín, 1989). Ejemplos de estos cauces de disemi- nación los encontramos tanto en la huerta de Murcia (la construcción de la Contraparada, presa de la que parten las acequias de riego de la Huerta de Murcia, data del 980), como en la cuenca del río Guadalentín (Los Sangradores). Aún hoy a o largo de numerosas ramblas se pueden encontrar “boqueras” que aprovechaban el agua de avenidas para riego, al mismo tiempo que hacían disminuir el caudal (Morales Gil, 1969 y 1989 y Morales Gil et al. , 1989).

En época más reciente, tras cada inundación y pérdidas cuantiosas, se diseñaron obras y proyectos de actuación para controlar las avenidas, y que aún continúan en nuestros días. Como opina Lemeunier (1989), “la catástrofe es el motor de la historia hidráulica”.

La primera obra importante que se acometió fue la construcción del embalse de Puentes (en la cabecera del río Guadalentín), cuyas primeras obras se iniciaron en 1647. Con posterioridad, en 1785 se empiezan las presas de Valdeinfierno y Puentes, estando en funcionamiento en 1787. En marzo de 1802, a consecuencia de intensas lluvias, la presa de Puentes se rompió produciendo una gran catástrofe. La riada de Santa Teresa, el 15 de octubre de 1879 aceleró la construcción del nuevo embalse de Puentes (tercera presa), comenzándose a explotar en 1884.

Dos años después de otra importante riada (la de Ascensión, el 22 de mayo de 1884), en 1886 se re- dactó el “Proyecto de Obras de Defensa contra las inundaciones en el Valle del Segura” , siendo el primer Plan de defensas contra avenidas que se hace en España y, según algunos autores que hacen referencia a él (Bautista Marín, 1977, 1989; Botía Pantoja, 1993; Maurandi Guirado, 1995), constituyó un plan modélico. De las obras propuestas se llegaron a realizar las siguientes: (1) Recrecimiento de la Presa de Valdeinfierno en 1897, en la actualidad está casi totalmente aterrada de sedimentos. (2) Construcción de los embalses de Alfonso XIII en el río Quipar (en 1917), Talave en el río Mundo (en 1918), y Fuensanta en el río Segura (en 1932). (3) Aliviadero de Puentes. (4) Canal del Paretón, para derivación del río Guadalentín, para un caudal de 200 m 3 /s. (5) Canal del Reguerón, para derivación del río Guadalentín, para un caudal de 150 m 3 /s. (6) Embalses de los ríos Argos y Taibilla, que aunque proyectados en el siglo pasado, se realizaron en 1973 y 1974 respectivamente. (7) Corrección hidrológica de los torrentes en los ríos Luchena y Velez (cabecera del río Guadalentín), y de otras ramblas de la cuenca baja del Guadalentín.

En 1926, al crearse la Confedera- ción Hidrográfica del Segura (C.H.S.), se inicia una campaña sistemática de aforos y mediciones pluviométricas, se analiza la situación de la cuenca y se redacta el Plan Nacional de obras Hidráulicas de 1933. También se propuso la construcción de las embalses del Cenajo, Camarillas, Santomera, Moro y Los Luisos. Los embalses del Cenajo y Camarillas se concibieron tanto para defensa de avenidas, como para regulación de regadíos. Con la puesta en explotación de ambos, en 1953, se ampliaron los regadíos de la cuenca del Segura en 20.000 Has.

La construcción del embalse del Cenajo, de 470 hm 3 (el mayor de la cuenca), junto con el ya construido de Fuensanta, hizo que la cabecera del Segura quedara completamente regulada. El embalse de Santomera, con sólo 26 hm 3 de capacidad, tiene la función de defensa de avenidas de la rambla de Santomera, y me- diante un canal de trasvase de la rambla de Abanilla. Desde la entrada en funcionamiento del trasvase Tajo- Segura, también puede recibir aguas del Segura en épocas de avenida, a partir de la derivación del Azud de Ojos. La construcción del embalse de Los Luisos en el río Mundo se desestimó posteriormente. La presa en la rambla del Moro es de muy reciente construcción.

VEGA BAJA DEL SEGURA INUNDADA EN NOVIEMBRE DE 1987. FOTO PAISAJES ESPAÑOLES

VEGA    BAJA DEL SEGURA INUNDADA EN NOVIEMBRE DE 1987. FOTO PAISAJES ESPAÑOLES

Navegación

1 2 3 4 5