Capítulo II. El medio natural
FIGURA 1. PARQUE REGIONAL DE SIERRA ESPUÑA, UNO DE LOS PRIMEROS ESPACIOS PROTEGIDOS MODERNOS DE LA REGIÓN DE MURCIA, POSTERIORMENTE DESIGNADO AREA DE PROTECCIÓN DE FAUNA SILVESTRE (APFS), ZEPA Y LIC . FOTO: C. GONZÁLEZ REVELLES.
La conservación de la Naturaleza en la Región de Murcia tiene, como en otras regiones, objetivos diversos que incluyen la preservación de la biodiversidad en sus distintos niveles de organización (desde los genes hasta los paisajes), el mantenimiento y regulación de los procesos ecológicos esenciales (formación y pro tección del suelo, regulación hidrológica, interacciones con la atmosféra, equilibrios biológicos), y la armoni zación de ambos tipos de objetivos con el desarrollo económico y social. Entre las estrategias disponibles, sobresale el diseño de sistemas de espacios naturales protegidos (Esteve y Calvo, 2000; Esteve et al. , en prensa), a los que en adelante nos referiremos con el general mente aceptado acrónimo ENP.
Espacios naturales protegidos
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FIGURA 9. PARQUE REGIONAL EL VALLE Y CARRASCOY, TAMBIÉN PROPUESTO COMO LIC. ESTE ESPACIO SE SOLAPA EN PARTE CON LA ZEPA Y APFS “MONTE EL VALLE Y SIERRAS DE ALTAONA Y ESCALONA”. FOTO: F. ROBLEDANO.
También fueron declarados como Parques los espacios con mayor tradición de conservación en el litoral, por entonces ya muy acosados o amenazados por la presión urbanística. Junto al Mar Menor, las Salinas y Arenales de San Pedro del Pinatar, y Calblanque (ampliado con el Monte de las Cenizas y Peña del Aguila, para constituir un compendio único de biodiversidad). Entre Lorca y Aguilas, el Parque Regional de Calnegre y Cabo Cope, intentó infructuosamente compaginar en un litoral urbanísticamente virgen, conservación, turismo y agricultura.
Como paisajes protegidos, encla ves concretos del medio (bien sierras, humedales, sectores costeros, etc.) fruto de una interacción armoniosa -o al menos respetuosa- del hombre con la Naturaleza, fueron declarados cuatro: Ajauque y Rambla Salada, como muestra de un criptohumedal interior inscrito en una cuenca de drenaje rica en materiales deleznables y salinos; Cuatro Calas, ejemplo de paisaje litoral sedimentario de notable geomorfología y vegetación; Sierra de las Moreras, un macizo litoral no demasiado extenso pero muy representativo de la biodiversidad costera; y finalmente, los Espacios Abiertos e Islas del Mar Menor, englobando los humedales (salinas, saladares, carrizales y estepas salinas), accidentes montañosos (cabezos volcánicos y calizos) y las islas volcánicas de la laguna. Después de la aprobación de la Ley 4/92 también fueron declarados como Paisaje Protegido los Barrancos de Gebas, sistema de badlands anexo a Sierra Espuña.
Finalmente, fueron incluidos en la Ley 4/92 sin figura de protección definida, y todavía no han comple tado los trámites que han de otorgársela, seis espacios tan importantes como Sierra Salinas, los Saladares del Guadalentín, el Cabezo Gordo, La Muela y Cabo Tiñoso, las islas e islotes del litoral Mediterráneo y el Cañón de los Almadenes. Los dos últimos ni siquiera tienen a fecha de hoy un P.O.R.N. aprobado. Aun que la mayoría de estos espacios están propuestos total o parcialmente como LIC, la lentitud con que se han desarrollado en su condición de ENP regionales resulta incomprensible y denota una escasa implicación institucional en la consolidación de esta red autonómica.
Espacios naturales protegidos en el ámbito local
Algunos municipios han desarrollado una política específica de protección de la Naturaleza. Unos, utilizando los Planes Especiales de Protección (el caso de Cieza con la Sierra de la Atalaya-El Menjú, y la Sierra de la Palera-Almadenes-Los Losares). Otros, como Murcia, han incorporado a su Plan General de Ordenación Urbana como “áreas de sensibilidad ecológica”, distintos espacios de alto valor, que incluyen no sólo los ENP de la ley 4/92, sino también las Areas de Protección de Fauna Silvestre, o los humedales inventariados por la adminis tración regional (Saladar de la Boquera de Tabala, Salinas de Sangonera). A ello se suma la aplicación de la figura de Parque Forestal Municipal a los terrenos adquiridos como resultado de la gestión urbanística. El principal Parque Forestal de Murcia es el Majal Blanco, un espacio de casi 900 hec táreas situado en la umbría de la Sierra de Carrascoy. Contiene una gran diversidad biológica y paisajística, des tacando la mejor representación de carrascal termófilo, pinares y matorrales sobre diversos sustratos, valores sobre los que se sustenta una intensa activi dad educativa y de interpretación de la Naturaleza.
FIGURA 11. LOCALIZACIÓN Y LÍMITES DEL PARQUE FORESTAL DEL MAJAL BLANCO, PERTENECIENTE AL MUNICIPIO DE MURCIA. EL MAPA SUPERIOR DERECHO MUESTRA LA SITUACIÓN CON RESPECTO AL PARQUE REGIONAL DE CARRASCOY Y EL VALLE.
FIGURA 12. MONTES DEL CATÁLOGO DE UTILIDAD PÚBLICA DE LA REGIÓN DE MURCIA.
FIGURA 13. SITUACIÓN Y LÍMITES DE LA RESERVA MARINA DE CABO PALOS-ISLAS HORMIGAS. EL RECUADRO INTERIOR DELIMITA LA ZONA DE RESERVA INTEGRAL.
Espacios para la protección de recursos
Montes Públicos
Según la Estrategia Forestal de la Región de Murcia (2003), menos de una tercera parte (162.079 ha) de la superficie forestal regional está constituida por montes de titularidad pública, y el 93% de ellos se consideran de utilidad pública. En una región como la nuestra, cuyas limitaciones climáticas al desarrollo del bosque hacen que predominen formaciones de baja productividad, los montes públicos naturales o repo blados tiene una finalidad principalmente protectora y reguladora de otros recursos (agua y suelo). Pero, además, su extensa superficie puede contribuir a otras funciones características de los ENP, como la conservación de la biodiversidad, o el uso educativo, científicos o de recreo. Casi la mitad de los montes públicos murcianos están ya incluidos en la red regional de ENP, y el resto pueden cumplir una valiosa función complementaria de conservación.
Reservas Marinas
La protección del medio marino cons tituye, por lo general, la asignatura pendiente de las políticas de conser vación. La superficie protegida en el mar es proporcionalmente muy inferior a la terrestre, y además suele ser relativamente reciente. No obstante, existe una figura de protección am pliamente utilizada en nuestro país, cuya orientación inicial a la protección y regeneración de los recursos pesqueros ha evolucionado hacia un enfoque más amplio de conservación. Son las reservas marinas de interés pesquero, de las que Murcia cuenta con la de Cabo Palos-Islas Hormigas, declarada en 1995 con el objeto de proteger las comunidades marinas y las poblaciones de organismos de interés pesquero que se desarrollan en esa zona. Sus 1.898 hectáreas comprenden aguas interiores (35%) y exteriores (65%), por lo que su gestión es compartida por el Estado y la Co munidad Autónoma. Sus fondos cons tituyen una muestra de litoral medite rráneo bien conservado, con praderas de posidonia oceánica y otras comu nidades vegetales y animales de gran riqueza y diversidad.
Otros espacios naturales protegidos
El abanico de figuras y opciones de protección de espacios naturales no acaba en la normativa específica de conservación de la Naturaleza, ni en el ámbito de las competencias de la administración pública. La legislación de protección ambiental (Ley 1/1995) contempla como figura adicional las Áreas de Sensibilidad Ecológica (ASE), zonas (protegidas o no) para las que establece un régimen especial, por sus características ambientales, valor ecológico o naturalístico. Incluirían todos los ENP de la Ley 4/1992, y todas aquellas zonas que sean declaradas por ley. Los proyectos que incidan sobre un ASE, cuando puedan alterar su realidad física, biológica o de uso, deberán someterse a Evaluación de Impacto Ambiental. Por otra parte, en el ámbito privado cada vez surgen más iniciativas de con servación de la naturaleza patrocinadas por particulares e instituciones y gestionadas por organizaciones no gubernamentales. Un ejemplo es el establecimiento de reservas privadas para la conservación de especies, mediante la compra de fincas o el establecimiento de acuerdos de gestión. La especie más beneficiada ha sido la tortuga mora ( Testudo graeca ), para la que existían en 2003 50 reservas con cerca de 4.000 hectáreas de superficie protegida.
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