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Cartografía histórica regional

Capítulo I. Cartografía

Cartografía histórica regional

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MAPA 1. 'Mapa de la Bastitania y Contestanla con su correspondencia moderna; por Juan López, en E. Floren, España Sagrada. Madrid. 1755, t. I -1. reed.: J. Lozano, Bastitania y Conrestania del Reyna de Murcia. Murcia. 1794. Fuente: C. Caro y F.J. Flores Arroyuelo (1989): Cartografía de la Región de Murcia. Cartagena: Asamblea Regional- Universidad de Murcia, t. I, n.. 11. MAPA 1. 'Mapa de la Bastitania y Contestanla con su correspondencia moderna; por Juan López, en E. Floren, España Sagrada. Madrid. 1755, t. I -1. reed.: J. Lozano, Bastitania y Conrestania del Reyna de Murcia. Murcia. 1794. Fuente: C. Caro y F.J. Flores Arroyuelo (1989): Cartografía de la Región de Murcia. Cartagena: Asamblea Regional- Universidad de Murcia, t. I, n.. 11.

MAPA 1. 'Mapa de la Bastitania y Contestanla con su correspondencia moderna; por Juan López, en E. Floren, España Sagrada. Madrid. 1755, t. I -1. reed.: J. Lozano, Bastitania y Conrestania del Reyna de Murcia. Murcia. 1794. Fuente: C. Caro y F.J. Flores Arroyuelo (1989): Cartografía de la Región de Murcia. Cartagena: Asamblea Regional- Universidad de Murcia, t. I, n.. 11.

El arte de componer mapas geográficos

La cartografía es el arte de componer y trazar mapas geográficos, históricos e histórico-geográficos, y también es la ciencia que explica y difunde los contenidos de esos mapas. Por su parte, el mapa es una representación geométrica plana y simplificada de toda la superficie terrestre o de parte de ella, de acuerdo con criterios y proporciones convencionales que llamamos escala.

Como quiera que la superficie de la tierra es curva, su traslación a otra plana, es decir, a un mapa, se hace mediante una proyección, que puede ser de varias clases (plana, cilíndrica, cónica, etc.), según los criterios por los cuales se opte. La posición exacta de cada lugar puede calcularse con las coordenadas geográficas en el punto de intersección de un meridiano y un paralelo (líneas vertical y horizontal respectivamente), expresados uno y otro en grados, minutos y segundos. Los meridianos hacen referencia a su mayor o menor proximidad por el Este o el Oeste al llamado meridiano cero (generalmente adoptado como tal el de Greenwich -observatorio astronómico inmediato a Londres-, pero también pueden serlo los que pasan por París, Madrid u otro lugar relevante). En cuanto a los paralelos, el referente cero es la línea ecuatorial, pudiendo hallarse al Norte o Sur de la misma. Un ejem plo: las coordenadas de la ciudad de Murcia son 1° 08' de longitud O y 38° de latitud N.

En la cartografía histórica, a la que me referiré seguidamente, una varidad importante son las cartas marítimas para uso de navegantes, mapas que conceden atención preferente al litoral y, muy especialmente, a los puertos, su posición, accesos y de más características que les son propias. De ahí que, inicialmente, se les llamara portulanos (excelentes los de la escuela catalano mallorquina), tipo de cartografía que tuvo máximo protagonismo entre los siglos XIII y XVI. En la centuria siguiente fue perfeccionada con criterios más científicos y rigurosos, al introducirse en esos y otros mapas la escala, o representación proporcional del espacio cartografiado, e incluirse información referida a los fondos marinos (sobre todo los inmediatos al litoral) y a la profundidad de los mismos. Todo ello, por vez primera, en Francia.

Es así como surgió la cartografía hidrográfica, generalizada en los siglos XVIII y XIX, y a cuyo perfeccionamiento contribuyeron de forma destacada los marinos científicos españoles de Cádiz y Cartagena, autores de todo tipo de cartas marítimas. Desde la representación de puertos concretos y sus accesos, a cartas de pilotaje sobre las inmediaciones de los mismos, cartas de cabotaje para hacer recorridos o singladuras sin perder de vista el litoral, derroteros o itinerarios de largos recorridos, y otras específicas sobre corrientes marinas, vientos, posición de los faros o áreas de pesca, hasta llegar a la representación de las máximas superficies en las llamadas cartas oceánicas y planisferios.

Finalmente, con el siglo XX, llegarían avances formidables en la técnica de representación cartográfica, algunos anunciados ya desde la centuria anterior. Sobre todo en lo que se refiere al interior de los continentes, en la medida en que fue ensanchándose el horizonte geográfico hasta conocerse la práctica totalidad de la superficie terrestre y por tanto, sus accidentes geográficos, es decir relieves u orografía, cuencas fluviales, etc. Todo ello representado, además, con gran precisión, dados los avances de las ciencias exactas y físico-naturales, así como de las técnicas (utilización de la fotografía aérea y de la obtenida desde satélites situados en el espacio extraterrestre, etc.).

Fue entonces cuando comenzaron a trazarse o diseñarse con máxima perfección nuestros actuales mapas regionales o corográficos, siempre a escalas reducidas, que no suelen sobre pasar 1:25.000, es decir que 1 milímetro en el mapa es equivalente a 25.000 en la realidad, o lo que es igual 25 metros sobre el terreno.

En las páginas que siguen haré una sucinta sinopsis del espacio geográfico murciano y de su evolución histórica. Y seguidamente me referiré, también de forma muy concisa, a la percepción que del mismo se ha tenido en el curso de los siglos, desde la antigüedad para acá.

En cuanto a las fuentes documentales utili zadas, tanto manuscritas como impresas, fun damentalmente proceden de cinco instituciones diferentes. Cuatro nacionales (Archivos Generales de Simancas -Valladolid- y de Marina -El Viso, C. Real, y de su depósito en el madrileño Museo Naval - Servicio Cartográfico del Ejército Madrid- y la madrileña Biblioteca Nacional -secciones Cartoteca y Manuscritos-) y otro en la Región (Archivo Municipal de Murcia). A esos fondos cabe sumar otros más puntuales. Por ejemplo, los existentes en el Archivo Histórico Nacional -Madrid-, Archivo General Militar -Segovia-, o en el de la Real Chancillería de Granada, así como diferentes instituciones de Barcelona y Palma de Mallorca, el Museo de Bellas Artes de Murcia, o en varios archivos y bibliotecas municipales de la región murciana. (Véase descripción pormenorizada en Vilar et al. (1991) y Romero Díaz (1992).

El marco geográfico y su evolución histórica

El actual espacio territorial murciano se sitúa en el Sureste peninsular, cuya presente organización político- administrativa, y consiguiente parcelación entre tres comunidades autónomas diferentes (Valencia, Murcia y Andalucía), relativamente reciente, poco o nada tiene que ver con las ordenaciones territoriales existentes en el pasado

Dejando a un lado precedentes prehistóricos y protohistóricos más o menos conocidos, en la etapa púnica surge Carthago Nova (Cartagena) como primer centro administrativo de un amplio territorio que, en su mejor momento, llegó a cubrir la faja comprendida entre los ríos Guadalquivir y Ebro. Un territorio que, aunque recortado en sus flancos, con Roma pasaría a ser Convento jurídico de la Carthaginense, con sede en la ciudad que le da nombre. Dependiente de la Tarraconense, en 333 se segregaría de ella para convertirse en provincia. Se trataba de un dilatado espacio poblado por una decena de pueblos mejor o peor definidos, que sobrepasaba ampliamente la actual región tanto en su frente marítimo como, sobre todo, hacia el interior meseteño (Hilo, 1981; Ramallo y Ros Sala, 1993; González Blanco, 1996).

En el siglo V, iniciadas ya las invasiones germánicas, la franja litoral de la antigua Carthaginense, conectada a Italia primero y a Bizancio más tarde, se segregó de la Carthaginense interior, llamada en adelante Carpetania, para diferenciarla de la marítima u Oróspeda, poblada de bastetanos, oretanos y deitanos (MAPA 1). Aunque un tiempo después ambas subregiones volvieron a unirse para formar la Carthaginense Espartana o Aurariola, su espacio quedó considerablemente mermado respecto al que tuviera en el Bajo Imperio: el sureste peninsular entre Denia y Garrucha aproximadamente, y por el interior no sobrepasaba los altiplanos de Hellín y Chinchilla. Tal sería el país de Tudmir (arabización de Teodomiro), nombre del gobernador autóctono, que pactó con los conquistadores árabes en 713 (FIGURA 2), y cuyo centro de gravedad se desplazó sucesivamente desde la actual Orihuela a Ello (Minateda) y, desde aquí, a Muisiya (Murcia), fundada en 825 por el emir cordobés Abd al Rahman II, como nuevo centro administrativo regional que quedase a cubierto de las reyertas tribales de la época (Vilar, 1975, 2003; Carmona, 1991; Gutiérrez, 1996; Vilar García, 2004a).

Durante el alto medievo, la hoy región pasó por las más diversas situaciones político-administrativas. Especialmente tras el hundimiento del Califato omega, en que al-Andalus se disgrega en numerosas, inestables y siempre cambiantes entidades autonómicas o taifas, incluidas las asentadas sucesivamente en la dudad de Murcia. Todas ellas con fronteras nunca bien delimitadas, aparte de que con frecuencia el territorio de referencia estuvo sometido a estados más poderosos regidos desde Córdoba, Sevilla, Almería, Denia, Valencia o Toledo. Iniciado el siglo XIII, el emirato murciano de los Banu Hud pasa a ser protectorado castellano (Tratado de Alcaraz, 1243) y seguidamente ocupado por Castilla, a cuya Corona quedó definitivamente agregado como circunscripción administrativa con entidad propia (reino de Murcia) y representación en las Cortes castellanas (Torres Fontes, 1990).

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