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La agricultura

En conjunto, las tierras de cultivo en la Región de Murcia ascienden a 606.019 Ha, lo que supone el 53’5% de la superficie regional; cifra que encubre realidades bien distintas, que van desde sectores muy intensivamente aprovechados a amplios espacios cultivados ocasionalmente e incluso abandona dos (MAPA 1) . Por su parte, el terreno forestal ocupa el 24’3% y los sectores de espartizal o improductivos suman un 17%, incluyendo una fracción mínima dedicada a prados y pastizales. Los caracteres climáticos introducen de antemano, en este ámbito, una diferenciación esencial entre espacios de cultivo en secano y regadíos, de manera que estos últimos, que ocupan un 32% del espacio cultivado, son el eje fundamental de la actividad agraria murciana (FIGURA 1) .

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Secanos marcados por la escasez de agua

La superficie que, para su aprovechamiento agrícola, depende de la escasa e incierta pluviometría de la zona siempre ha superado muy ampliamente al regadío, acantonado tradicionalmente junto a los escasos cauces con caudal permanente. Pese a la expansión del poblamiento y las infraestructuras, el abandono de tierras y la espectacular ampliación del regadío, que ha caracterizado al siglo XX, todavía en la actualidad del espacio regional cultivado, que es poco más de la mitad de la superficie de la Comunidad Autónoma, en un 68 por ciento es de en secano (FOTO 5).

Los paisajes de estos amplios espacios, que han sido calificados de “desheredados” ( Hérin, 1980) y descritos como “considerables llanuras y numerosos valles casi desnudos de vegetación, y sus tierras calcinadas por el ardiente sol” (Echegaray, 1848), guardan, sin embargo, un patrimonio inestimable de técnicas de cultivo, acondicionamiento del terreno y aprovechamiento de los ocasionales caudales de crecida de las ramblas y ramblizos, mediante amplísimos sistemas de boqueras. Aunque desaparece con rapidez y general indiferencia, se trata de una documentación riquísima de la ancestral lucha de la humanidad frente a la sequía que todavía se en cuentra inscrita sobre el territorio mu ciano.

En los secanos murcianos (Gil, 1991), predomina ampliamente la arboricultura de almendro y olivo junto al viñedo, de manera que el conjunto de cultivos leñosos, que se completa con alguna otra especie como el algarrobo de escasa representación, cubre una extensión superior al 60 por ciento del espacio cultivado, ocupando el resto los aprovechamientos de cebada, avena y trigo en orden decreciente de importancia.

Se manifiesta así una adaptación a condiciones climáticas próximas a la aridez, ya que las plantas leñosas citadas están bien adaptadas para aprovechar los escasos recursos hídricos almacenados en el suelo, cuando se disponen en marcos de plantación muy amplios. Sin embargo, sus rendimientos aumentan extraordinariamente aportándoles agua, de manera que cada vez resulta más frecuente encontrar plantaciones de estos símbolos del secano murciano con instalaciones de riego por goteo. Por su parte, el cultivo cerealista de manda precipitaciones aportadas con mayor regularidad, con lo que su ámbito preferente son las tierras altas interiores, donde aumentan éstas ligeramente a la vez que las temperaturas más bajas disminuyen la evapotranspiración.

Los principales espacios dedicados a cereal se localizan en los municipios de Caravaca, Moratalla, sector interior de Lorca, Calasparra y Jumilla, pero también se extienden, a veces en riego, por otros sectores más bajos con importante actividad ganadera, como es el caso de los municipios de Alhama, Totana o del Campo de Cartagena, aunque con superficies menores. Bastante más sensible que la arboricultura a los periodos de sequía, la superficie destinada a cereal oscila de un año para otro pero, en cualquier caso, la cebada es el aprovechamiento más extendido duplicando con ventaja a trigo y avena juntos. Sus menores exigencias respecto al trigo y mayor utilidad frente a la avena explican su claro predominio .

Respecto a olivo, almendro y viñedo, que ocupan conjuntamente algo más de 148 mil hectáreas, los dos primeros están presentes prácticamente en todos los campos murcianos. Por el contrario, en el caso de la vid aparece una clara concentración del cultivo en Jumilla, donde se localiza el 60 por ciento del viñedo regional y en Yecla con un 23 por ciento. De esta manera, ambos municipios contiguos han llegado a denominarse “tierras del vino” por excelencia (To rres, Hoyos, 1957), aunque otros sectores también con denominación de origen en sus vinos registran sectores de viñedo de cierta importancia, como es el caso de Bullas y Ricote.

La indigencia pluviométrica del sector meridional de la Región localiza el olivo preferentemente en vaguadas y sectores de piedemonte, donde pueden llegar mayores aportaciones de la escorrentía superficial. Es por tanto en el sector septentrional donde aparece mejor representado, acondi cionándose con frecuencia el terreno para abastecer en lo posible sus ne cesidades hídricas reteniendo la esco rrentía superficial mediante abancala mientos en las laderas, separados por pedrizas con sangradores. También, en las inmediaciones de ramblas y ramblizos se derivaban tradicionalmen te sus aportaciones esporádicas me diante sistemas de boqueras que dis tribuyen las aguas de avenida, hoy prácticamente abandonados y desor ganizados. El almendro, por su parte, es el cultivo más extendido en Murcia, pues sus distintas variedades permiten adaptarlo a los matices climáticos del territorio. Donde el frío es mayor, como el noroeste murciano, se emplean especies tardías como la “marcona” y allí donde la termicidad es superior aparecen otras como la “cartagena”, o la “garrigues” bien adaptadas y con alta productividad. Al ocupar algo más de 74 mil hectáreas no existe municipio en la Región donde no esté representado, ya que cubre una superficie similar a la suma del olivar y el viñedo.

Los secanos murcianos, en directa dependencia de las características climáticas del área, no permiten cosechas que los hagan rentables, de ahí su abandono paulatino que puede intensificarse con la disminución e incluso desaparición de las ayudas vinculadas a la Política Agrícola Co munitaria. Son, sin embargo, un espacio susceptible de destinarse a nuevas actividades (FOTO 6) en gran medida relacionadas con el tiempo de ocio, sean de carácter cinegético, segunda residencia, turismo rural, ampliación de espacios naturales o ampliación de la superficie forestal.

FOTO 5. CAMPO ALTO DE LORCA. EXPLOTACIÓN EN SECANO Y EDIFICACIONES EN LAS QUE DESTACA EL PORTE DE LA VIVIENDA DEL PROPIETARIO. FOTO M. LILLO

FOTO    5. CAMPO ALTO DE LORCA. EXPLOTACIÓN EN SECANO Y EDIFICACIONES EN LAS QUE DESTACA EL PORTE DE LA VIVIENDA DEL PROPIETARIO. FOTO M. LILLO

FOTO 6. LAS IMÁGENES MUESTRAN LA SITUACIÓN DEL MISMO TERRITORIO (INMEDIACIACIONES DEL NÚCLEO DE AGUILAS ) ENTRE MEDIADO EL SIGLO XX Y LA ACTUALIDAD, COMO ÍNDICE DE LA INTENSIDAD DE LA TRANSFORMACIÓN EXPERIMENTADA. FUENTE FOTOGRAFÍA AÉREA, VUELO AMERICANO DE 1956 E IMAGEN DE QUICK BIRD, 2003.

FOTO 6. LAS IMÁGENES MUESTRAN LA SITUACIÓN DEL MISMO TERRITORIO (INMEDIACIACIONES DEL NÚCLEO DE AGUILAS ) ENTRE MEDIADO EL SIGLO XX Y LA ACTUALIDAD, COMO ÍNDICE DE LA INTENSIDAD DE LA TRANSFORMACIÓN EXPERIMENTADA. FUENTE FOTOGRAFÍA AÉREA, VUELO AMERICANO DE 1956 E IMAGEN DE QUICK BIRD, 2003.

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