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Áreas culturales

Capítulo V. Actividades socio culturales

Si hay un punto de partida que debe ser tenido en cuenta en el momento de iniciar una expo- sición, por muy ajustada que sea, de lo que durante siglos ha sido el desarrollo de lo que ha de entenderse por vida tradicional en la Región de Murcia, y la manera en que todavía pervive de manera harto amortiguada en deter- minados ámbitos rurales, debe ser el que esta- blece las relaciones de dependencia y afinidad, mayores o menores, de sus moradores con el paisaje que los envuelve y en parte los determina como tales, pues no en vano puede decirse que son sus consecuencias directas, sus hijos.

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Más, si nos atenemos a las pautas que han seguido una amplia parte de los estudios histórico-etnográficos de la Región de Murcia que en este momento inicial podríamos aportar para que nos sirviesen de guía a seguir, muy pronto nos sería posible percibir que en ellos se partió de una exposición de los diferentes elementos definidores, que se ha juzgado que poseían, y tanto en el soporte del medio físico que condicionaba, como del político en cuanto al impulso necesario que ha argumentado la sociedad sobre una compatibilidad manifiesta, y del espiritual que lo ha sostenido en actuaciones siempre peculiares. Y se nos ha dicho, que todo ello ha sido posible una vez que una conciencia de comunidad se elaboró sobre una actuación continua, lo que poco a poco fue precipitando que se configurase de un modo característico, hasta llegar a establecer un cuerpo peculiar en el que destacaron unas cualidades tenidas por propias y defi- nitorias para, al final, poder llegar a constituir lo que ha sido apreciado como un pueblo que se manifiesta en lo que comprendemos como una área cultural.

Así, si reparamos en la etapa que es conocida por Antigüedad de la Península Ibérica, y lo hacemos en la etapa de su romanización, muy pronto sabemos que los historiadores que la relataron lo hicieron en primer término presentando las características propias de los diferentes pueblos que habita- ban la franja mediterránea, para pasar, vencida una resistencia inicial, a avanzar en su conquista sobre las tierras del interior en lo que era su zona central. Por último, para poder llegar a la del norte, donde la oposición fue decidida, lo que hizo que se llegase a su ocupación tras una guerra de exterminio. Tres etapas que, a su vez, han conducido a los etnógrafos a que se pueda hablar de que en aquellos momentos ya se podía hacer una distinción de tres áreas culturales, tan definidas como diferenciadas, en lo que eran las maneras propias de la vida de sus pobladores, y que a su vez ellas se correspondían directamente con las condiciones del medio y con las de sus razas.

Pero, aunque todo ello se rija por una lógica consecuente, y que al final se pueda llegar a la caracterización de unas áreas culturales, por nuestra parte, al enfrentarnos con la descripción de lo que en sí, y durante siglos, han sido las formas de vida desarrolladas por los murcianos en el sureste de la península Ibérica, comprendida ésta como un área cultural que descansa sobre ciertas variaciones impuestas por la naturaleza, y por las novedades de todo orden que fueron incidiendo en ella, como todavía se continúa haciendo, lo que nos lleva a que debamos tener en cuenta lo que es propio de ella, o lo que es lo mismo que decir de su espacio geográfico, del paisaje que la define, y de sus variaciones.

Espacio geográfico

Por ello hemos de tener en cuenta, aunque lo sea de manera harto somera, que Murcia, como unidad política de España, posee un estructura uniprovincial, que en parte es heredera del antiguo Reino de Murcia que se conformó durante el siglo XIII, y como tal es una cuña castellana situada en el sureste de la Península Ibérica que alcanza el Mediterráneo, lo que hace que posea una gran heterogeneidad por estar condiciona- da por un extenso litoral en el que aparece la peculiaridad de la laguna marina del Mar Menor, y en el que se suceden arenales y grandes montes en escarpadura, para adentrarse en busca de la meseta castellana sobre una sucesión de llanuras de secano y de promediados valles por los que discurren ríos de escaso caudal que, a su vez, aparecen separados por sierras y cadenas de montañas que ya, en el noroeste, en el pico de Revolcadores, alcanza la altura aproximada de 2.027 metros.

Y con ello, en dicho espacio, por las escasas lluvias que recibe su suelo, aunque a veces lo haga de modo espasmódico con las consiguientes inundaciones, encontramos zonas de una manifiesta fecundidad agraria que contrastan con otras de una aridez extrema, de las que en gran parte quedan deslindadas por mínimas elevaciones del terreno entre las que discurre la línea fronteriza que marca la presencia de la humedad, separación que a veces se ha salvado con grandes ruedas elevadoras, e incluso con reducidas aceñas de pie, lo que ha propiciado que las vidas que en unas y otras se han desarrollado lo hayan hecho de manera contrastada. Pero es que, además, esa dependencia fatal de la presencia del agua, ha hecho que el suelo murciano, a lo largo de los siglos, haya sido poblado de muy diversas maneras, pues ello ha conducido a que, en gran proporción, en un 75- 80%, salvo Cartagena, haya quedado concentrado a lo largo de las tierras de regadío que se abren en las riberas del río Segura, y en una proporción menor, de sus afluentes Guadalentín, Argos, Quípar, Mula..., ríos, o mejor arroyos, por ser de aportes de caudales mínimos y de prolongados estiajes, así como en la costa, donde el agua, desde la antigüedad, salvo pequeños manantiales, ha tenido que ser llevada por canalizaciones desde distantes fuentes u obtenida sobre la que se ha ido a encontrar con pozos y galerías excavadas en las rocas calizas, lo que ha hecho posible la existencia de grandes concentraciones urbanas como Murcia, Cartagena, Lorca, Caravaca...

FOTO 1: EL LITORAL MURCIANO ES UNA SUCESIÓN DE MONTES EN ESCARPADURA QUE CAEN SOBRE EL MEDITERRÁNEO... FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO 1: EL LITORAL MURCIANO ES UNA SUCESIÓN DE MONTES EN ESCARPADURA QUE CAEN SOBRE EL MEDITERRÁNEO... FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO 2: Y JUNTO A ELLOS SE SUCEDEN LOS ARENALES QUE EN GRANDES TRAMOS, COMO EN LA MANGA, HAN SIDO URBANIZADOS. FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO 3: LAS ENCAÑIZADAS SON PASOS DE AGUA QUE COMUNICAN LOS MARES MEDITERRÁNEO Y MENOR. FOTO F. FLORES ARROYUELO

Junto al concepto de lo que ha de comprenderse por Área murciana , tan complejo por las grandes diferencias que presenta, debemos considerar aquel que ampara al de Cultura murciana , y en el que, dejando a un lado las posibles abstracciones que se podrían argumentar y secundar en un plano teórico, pasamos a atenernos, a grandes trazos, a la actuación de las conductas colectivas siempre consecuentes con un orden psicológico compartido. Además, interesan las manifestaciones que aparecen caracterizando sus formas de vida o conjunto amplio y multiforme de actuaciones, que componen los más diversos aspectos y expresiones que son propias de una sociedad en la que domina una concepción de la naturaleza que la envuelve.

Por todo ello, los comportamientos que podemos aglutinar bajo el nombre de tradiciones, costumbres, usos consuetudinarios..., es un conjunto de conductas que son reconocidas como heredadas de los antepasados, en los más diversos ámbitos que modelan la existencia. En ella, la pervivencia de muchas fórmulas que se hacen presentes en el día a día o en los trabajos, así como en la persistencia de las reglas admitidas una vez que fueron asumidas como experiencia de unos tiempos que se presumen remotos e indefinidos, y que, por la sabiduría que conllevan, han continuado acomodadas a las diversas actividades, como las técnicas de cultivo, o en el equitativo reparto y empleo de las tandas de agua para el riego, o en la utilización de las medidas de peso y de superficie de las tierras de cultivo, según sean de regadío o de secano, o las condiciones que rigen la venta de los diferentes frutos... Otros aspectos sin salirnos de este ámbito propio del derecho con- suetudinario, son los tribunales propios que juzgan con capacidad resolutiva, las regulaciones y condiciones de ex- plotación de la tierra, los límites de los compromisos pactados entre aparceros y dueños de la tierra..., y los que tratan de la caza, la pesca...

La vida tradicional implica un enorme campo de actividades que comprende las creencias y prácticas religiosas, o Religiosidad popular, y con ellas, determinados rituales que quedan unidos al orden que impone el calendario litúrgico, pues en él se jalona el paso del año acorde a determinadas fechas. Con ello, la confección característica de algunos de los útiles empleados en el trabajo o en el mobiliario doméstico ... ; la música con sus instrumentos propios y los diferentes bailes y danzas junto a otras expresiones artísticas; los deportes, juegos y pasatiempos populares con sus reglas particulares; la gastronomía fiel reflejo de la realidad de los productos de cada lugar; los cuentos con sus moralejas particulares y las leyendas que hacen referencia a hechos que quedaron en la memoria común de manera un tanto difusa; las fiestas comprendidas como rituales lúdicos, que unas veces encontramos que vienen a suceder en los días de carnaval y en otras cuando se celebran en la Semana Santa o en honor de los santos patronos con actos tan diversos como las romerías en acción de gracias por los bienes de las cosechas o correr los toros por las calles entre talanqueras ... ; la arquitectura popular, testimonio de una funcionalidad que en todo momento está acorde con unas necesidades consideradas perentorias; las supersticiones y creencias vanas que en raras ocasiones no se hacen presentes; los conjuntos de refranes, reflejo directo de lo que se entiende por sabiduría popular ; la astronomía popular que trata de saber de lo que ha de traer el tiempo; la medicina y la farmacopea populares basada en el co nocimiento de las virtudes de las plantas, o herboristería, y junto a todo ello no faltan las personas que están en posesión de un estado de gracia por haber nacido en Jueves Santo o poseer en su paladar la Cruz de Santa Quiteria , lo que hace posible que el mal, tanto de las personas como de los animales, incluso la rabia, quede reducido y vencido... En otros campos no faltan los conjuros sobre fórmulas de invocaciones más o menos tenebrosas, ni la acción de curanderos, ensalmadores, aojadores, saludadores... entre los que aparecen los zahorís con la facultad, la gracia, de encontrar lo perdido y sobre todo la presencia de corrientes de agua en el subsuelo...

La vida tradicional es un mundo expresivo que por encima de todo presenta la realidad de una relación permanente entre la contemplación del mundo y de la naturaleza y, junto a todo ello, de un sentimiento de comunión con ella, lo que hace que sea un acopio ingente de una larga serie de saberes y conocimientos que han sido celosamente atesorados durante siglos, y que en su mayor parte han sido transmitidos a personas elegidas de manera oral al ser una especie de participación calculada de un se- creto.

Por ello, antes de adentrarnos en la descripción de algunos de estos ámbitos propios de la cultura popular, que en su mayor parte se corresponden con unas dimensiones un tanto cir- cunstanciales y variables, aunque en algunos casos sean coincidentes con los de algunas comarcas, lo que hace que debamos señalar, dentro de lo que comprendemos por el área cultural murciana, unos cuantos compartimentos, hasta ocho, que podemos delimitar y definir como sub áreas, y que ante todo deben ser reconocidas por el acondicionamiento que se ha generado a lo que ofrecen sus peculiaridades naturales, desde el clima hasta las condiciones de su suelo y clima...

Subáreas culturales

La primera de estas sub áreas culturales que debemos considerar como tal es la que se corresponde con el litoral que se extiende sobre una línea de costa que limita con Alicante, mientras que por el otro extremo lo hace con la de Almería, y sobre él lo que comprende en unos pocos kilómetros tierra adentro. En dicho espacio hay que distinguir el Mar Menor, así como la caracterización propia de los municipios de Mazarrón y Águilas. Su actividad principal, y única, durante siglos ha sido la pesca hecha con barcos de vela latina, o con canales de cañas que conducen al pescado hasta cepos, como encontramos en las encañizadas o pasos de agua que unen a esta gran laguna con el Mediterráneo, así como ciertas industrias de salazones, de carpinteros de ribera...

FOTO    4: LAS MONTAÑAS DE SAL PRESENTAN UNA NUEVA PERSPECTIVA AL PAISAJE. FOTO F. FLORES ARROYUELO

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