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Áreas culturales

Capítulo V. Actividades socio culturales

Si hay un punto de partida que debe ser tenido en cuenta en el momento de iniciar una expo- sición, por muy ajustada que sea, de lo que durante siglos ha sido el desarrollo de lo que ha de entenderse por vida tradicional en la Región de Murcia, y la manera en que todavía pervive de manera harto amortiguada en deter- minados ámbitos rurales, debe ser el que esta- blece las relaciones de dependencia y afinidad, mayores o menores, de sus moradores con el paisaje que los envuelve y en parte los determina como tales, pues no en vano puede decirse que son sus consecuencias directas, sus hijos.

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FOTO 5: DURANTE SIGLOS HAN SIDO EXPLOTADOS LOS MONTES MINEROS DE LA UNIÓN. FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO    5: DURANTE SIGLOS HAN SIDO EXPLOTADOS LOS MONTES MINEROS DE LA UNIÓN. FOTO F. FLORES ARROYUELO

En los años finales del siglo XIX y primeros del XX, en las sierras de La Unión y de Lo Alto, se pasó al desarrollo y explotación de la minería en gran escala, por lo que hizo su presencia una frenética actividad.

Campo de Cartagena

La segunda es el Campo de Cartagena, extensa llanura de aluvión, sumamente árida hasta la llegada de las aguas del trasvase Tajo-Segura o del subsuelo, que vierte el agua de sus precipitaciones al Mar Menor por la rambla del Albujón y por el Almajal de Cartagena. La condición de su sequedad, durante siglos, hizo que en gran parte estuviera casi despoblada, salvo en caseríos levantados en encrucijadas de caminos que por sus condiciones de ser provi- sión de agua recibieron ciertos apela- tivos que al final pasaron a la toponimia, como Balsicas, Fuente Álamo, Pozo Estrecho, Balsapintada... En la antigüedad, el Campo de Cartagena fue el núcleo de una amplia zona del sureste que recibió el nombre de Spar- taria, y junto a la recolección de esta fibra tenemos la explotación durante los siglos XVI al XIX de la sosa-barrilla o troncos y tallos de los alicores, alga- zules y almarjos que se quemaban para poder obtener ciertas cenizas con las que se hacían las piedras-barrillas y que se empleaban en la fabricación de vidrios, jabones, lejías, barnices, blanqueo de lienzos...

La llanura se cierra por el norte con la cadenas de sierras de Carrascoy, Los Villares, Columbares... por más que quede una apertura o paso abierto sobre las tierras del Guadalentín con salida ya a Andalucía. Abierta al mar, con un puerto cerrado puente de su metrópoli con Iberia para, más tarde, pasar a manos romanas por su conquista en el 209 a. de C. por Escipión el Africano... Una leyenda religiosa, unida a la llegada del cristia- nismo en la península procedente de África, refiere que en su puerto desem- barcó el apóstol Santiago, lo que se conmemora todos los años en el barrio de Santa Lucía con una procesión marítima. Un lugar muy venerado desde la Edad Media, y tanto por los árabes como por los cristianos, fue el monas- terio de San Ginés de la Jara, hombre santo francés que en tiempos de Carlomagno, según refiere su leyenda, vino a estas tierras para hacer vida de eremita, siendo visitado por los ángeles que le traían un poco de comida todos los días. Otras leyendas hacen referen- cia más o menos fantásticas a acciones un tanto tenebrosas de los familiares de la Inquisición en algunos de sus pueblos, que han sido consideradas por los estudiosos que se han ocupado de ellas como parte de la propaganda llevada a cabo durante el siglo XIX por los liberales, lo que no quita interés a la hora de saber de cómo nacen las fábula y quimeras.

Durante los siglos XVI al XIX, en estas tierras, como hemos apuntado, se explotó la barrilla, y ya en los años finales del siglo XIX y primeros del XX, en las sierras de La Unión y de Lo Alto, se pasó al desarrollo y explotación de la minería en gran escala, por lo que hizo su presencia una frenética actividad que propició que acudieran a la tentadora y aleatoria llamada de la fortuna, y también del penoso trabajo, numerosos colonos procedentes en buena parte de Anda- lucía, sobre todo de Almería, lo que conllevó que las formas de vida de toda esta zona se remodelasen sobre nuevos planteamientos. Por otro lado hay que reseñar que La Unión es la patria del trovo, destacando en este arte de la repentización sobre ciertas reglas de rima y versificación, así como de aplicación a ellos de ciertos cantes, destacando José María Marín, Ballesta, Castillo, El Minero... entre otros. Los trovos cartageneros muy pronto vinie- ron a diferenciarse de los trovos alpujarreños o de la Contraviesa, y vinieron a marcar el camino a seguir, y como tales a ser un fiel testimonio de las condiciones de vida y de trabajo en las minas.

Asímismo, la presencia de mineros andaluces hizo que se recrearan, dentro de lo que era el flamenco, cantes como las mineras y las tarantas en los que se hicieron presentes la angustia y el miedo de aquellos hombres ante los peligros que se corrían en las minas, y que pasaron a ser estructurados musicalmente por El Rojo el Alpargatero, al que secundaron su hijo Antonio Grau y otros cantaores como Pedro Cantares, Antonio Piñana...

Vega Media

La tercera es la Vega Media del Segura o valle regado por el agua del río Segura que comprende desde la depresión prelitoral que se inicia a la altura del paraje de la Contraparada o gran azud, que fue construido en la etapa de dominación árabe, y que posiblemente debió secundar otro anterior romano de menores pretensiones pues, por los nombres de origen latino que han conservado algunas de las acequias de este primer tramo de la huerta, como la del Turbedal, o de Aguas turbias, que tienen su toma en los primeros pasos del cauce de la acequia mayor Barreras, de aguas vivas, así parece indicarlo. El sistema de regadío de la Huerta de Murcia fue y continúa siéndolo una ingente obra de ingeniería hidráulica que vino a disponer un complejo sistema de ca- nales y acequias de diferente caudal, mayores, menores, brazales y regaderas, que hizo posible que se repartiese el agua hasta el último rincón de sus tierras, así como arbitró un sistema de drenaje, sobre los escorreores , por el que se recuperaban las demasías para ser reutilizadas nuevamente aguas abajo por los meranchos . La Vega Media, por medida administrativa, acaba en Beniel, en la línea de los Mojones del Reino, dando paso así a la Vega Baja ya en tierras alicantinas hasta su desembocadura en el Mediterráneo en Guardamar.

Pero si la ingeniería hidráulica supo distribuir con acierto el agua de riego, los desniveles que aparecían en el terreno vinieron a ser un desafío que era preciso vencer, para lo que se instalaron múltiples ruedas elevadoras de agua con las que se alcanzaron las tierras de las laderas de las montañas que cerraban el valle, e incluso se instaló una de ellas para dotar de agua a la ciudad de Murcia, como mostraba el sello concejil de los días medievales. Por otro lado, vemos que tampoco faltaron las que posibilitaban el riego de un bancal a otro ligeramente superior, para lo que se utilizaron las ceñas de pie que eran movidas por el esfuerzo del huertano al hacerlas girar con su peso peldaño a peldaño. Hoy, de aquellas ruedas que fueron numerosas a decir de los viajeros árabes, quedan en funcionamiento la de Alcantarilla y la de La Ñora, de 11 m de altura por 1'90 m de anchura que llevan en sus ruedas 36 cangilones de abertura lateral.

FOTO 7: LA PITA Y LAS CHUMBERAS SE HACEN PRESENTES EN EL PAISAJE MURCIANO. FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO 7: LA PITA Y LAS CHUMBERAS SE HACEN PRESENTES EN EL PAISAJE MURCIANO. FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO 6: EN EL CAMPO DE CARTAGENA SALTAN LAS FIGURAS SINGULARES DE LOS MOLINOS DE VIENTO. FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO 6: EN EL CAMPO DE CARTAGENA SALTAN LAS FIGURAS SINGULARES DE LOS MOLINOS DE VIENTO. FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO 8: EN LA VEGA MEDIA DEL SEGURA LOS PUEBLOS SE SUCEDEN CRECIDOS AL AMPARO DE LOS MONTES. FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO    9: TENDIDA DE PIMIENTOS DE BOLA EN LAS TIERRAS DEL VALLE DEL GUADALENTÍN. FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO 10: AMANECE EN LA HUERTA DE MURCIA. FOTO F. FLORES ARROYUELO

Por otro lado, el agua de las acequias movieron numerosos molinos que han estado en funcionamiento hasta finales del siglo XX, tomando su nombre de la acequia que los sustentaba, como del Zoco, del Amor, de Nelva, de Alfatego..., y en la ciudad estuvieron los del Puente Viejo que fueron sustituidos por los que ordenó levantar Floridablanca en el siglo XVIII, y los de San Francisco y Los Álamos. y junto a ellos, en otros tiempos, no faltaron tampoco máquinas de moler papel de estraza, pólvora, hilaturas... El agua de riego de la Huerta de Murcia, desde la Edad Media, ha contado con las ordenanzas de la huerta o Libro del Agua, a las que se fueron añadiendo lo dispuesto en Pragmáticas Reales, Reales Cédulas, Reales Provisiones... que las perfeccionaron, y que estuvieron vigentes hasta que en 1849 se otorgaron las ordenanzas definitivas que han llegado en vigor hasta nues- tros días.

Las medidas de la tierra en la huerta, con derecho a agua, fueron en un primer momento la alfaba, muy difícil de concretar dado las variantes que tuvo, pues era de valor estimado más que de superficie, pasando a utilizarse la tahúlla, con 1.117'966 metros cua- drados.

En cuanto al paisaje agrario de la huerta a lo largo de los siglos ha sufrido numerosos cambios, pues durante la Edad Media se cultivaron los cereales, el granado, la higuera, la vid, el olivo, así como diversos frutales como ciruelos, manzanos... Más tarde hizo su aparición el arroz, la caña de azúcar, el lino y, sobre todo, en el siglo XVI, la morera que, como dijo Cascales, alcanzaba el número de 355.000 plantones. También se cultivó pimiento en bola para, una vez desecado, obtener pimentón, y que fue traído de tierras de Extre madura por los Jerónimos. Más tarde hizo su aparición el naranjo y el limonero. En Murcia, como en Valencia, se utiliza el término huerta para cultivos de riego a caballón, mientras que el de huerto se hace para las plantaciones del campo. Por otro lado, hay que reseñar que en la huerta el transporte de personas se hizo por medio de galeras , carruajes de cuatro ruedas, siendo giratorias y de radio corto las dos delanteras, así como por medio de tartanas que sólo tenían dos ruedas medianas. Los carros y carretas acercaban los materiales para las obras o llevaban a los mercados de Murcia los diversos frutos. La Vega Media, por coincidir en ella los ríos Segura y Guadalentín que recogen las aguas de una amplia y lejana zona montañosa, desde hace siglos ha venido sufriendo grandes inundaciones, lo que en el siglo XVIII hizo que se iniciase la construcción de un canal con capacidad de trescientos metros cúbicos por segundo que recibió el nombre del Reguerón, con el fin de que salvase a la ciudad de Murcia de las aguas torrenciales del Guadalentín y de la rambla del Puerto. Dicha obra se terminó bien entrado el siglo XX.

Vega Alta

La cuarta comprende la Vega Alta del Segura que obra como su eje, y que una vez dejado atrás La Contraparada, comprende el municipio de Torres de Cotillas para alcanzar más adelante las tierras de Molina, Lorquí, Ceutí, Archena, Blanca, Abarán, Ulea, Villanueva, Ojós, Ricote, Cieza..., de preciadas huertas, por su calidad, de extraordinarios frutales junto a cítricos, y ya, por último, adentrarse, en las de Calasparra, también tierras arroceras, una vez que ha sido vencido el impresionante estrecho de Almadenes.

En Murcia, como en Valencia, se utiliza el término huerta para cultivos de riego a caballón, mientras que el de huerto se hace para las plantaciones del campo.

 

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