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Áreas culturales

Capítulo V. Actividades socio culturales

Si hay un punto de partida que debe ser tenido en cuenta en el momento de iniciar una expo- sición, por muy ajustada que sea, de lo que durante siglos ha sido el desarrollo de lo que ha de entenderse por vida tradicional en la Región de Murcia, y la manera en que todavía pervive de manera harto amortiguada en deter- minados ámbitos rurales, debe ser el que esta- blece las relaciones de dependencia y afinidad, mayores o menores, de sus moradores con el paisaje que los envuelve y en parte los determina como tales, pues no en vano puede decirse que son sus consecuencias directas, sus hijos.

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Desde el punto de vista cultural, estas tierras, como las del Altiplano, enlazan con las tierras manchegas, lo que se puede apreciar en algunos aspectos, como es, entre otros, el musical.

FOTO 11: BANCALES DE LA HUERTA VIEJA. FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO 11: BANCALES DE LA HUERTA VIEJA. FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO 12: EN LA VEGA ALTA DEL SEGURA TODAVÍA APARECEN LAS RUEDAS ELEVADORAS DE AGUA. FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO 12: EN LA VEGA ALTA DEL SEGURA TODAVÍA APARECEN LAS RUEDAS ELEVADORAS DE AGUA. FOTO F. FLORES ARROYUELO

Salvada la estrecha franja de las riberas del Segura contrasta el descarnado paisaje de las tierras que lo cierra con ramblas mostrando una sucesión de relieves atormentados en los que sólo crece una vegetación de matorral xerófilo junto al esparto. En su centro se encuentra la zona conocida por val de Ricote de gran importancia histórica y etnográfica que en los días medievales y poste- riores dependió de la encomienda de la Orden de Santiago, y que en el momento de la expulsión de los moriscos, en 1613, fue su último reducto en España, lo que no fue obstáculo para que su huella quedase fuertemente marcada en diversos testimonios. Desde el punto de vista cultural, estas tierras, como las del Altiplano, enlazan con las tierras manchegas, lo que se puede apreciar en algunos aspectos, como es, entre otros, el musical. Sin duda alguna, por su naturaleza y la estampa de sus pueblos, es éste uno de los marcos más hermosos de la Región, aunque lamentablemente, la acción de la especulación del suelo unida a la estolidez de algunos políticos con la idea que tienen del desarrollo, la están destro- zando con construcciones infames.

Tierras del Altiplano

La quinta abarca las t ierras del Altiplano del noroeste, de Jumilla y Yecla, de meses que se hacen eternos por su frialdad y que presenta la falta de ríos o pequeños arroyos que las crucen, así como las de Abanilla y Fortuna. Sus tierras están sembradas de cereales, lo que hace que en años de lluvia se recolecten grandes cosechas, y en las que por otro lado destaca el cultivo de la vid, lo que conlleva al desarrollo de una industria vinícola que en nuestros días es de calidad reconocida.

Sus ciudades más importantes son Yecla y Jumilla, siendo la primera una población de gran antigüedad, como atestiguan los múltiples restos arqueológicos encontrados en su suelo, así como de época romana, situación que se continuó en la etapa árabe cuya huella ha quedado multiplicada en su toponimia, Arabí, Arabinejo... y en numerosas leyendas de tesoros escondidos y de haber sido tierra fronteriza entre castellanos, aragoneses y árabes, así como haber pertenecido al marquesado de Vi- llena. En la cima del monte que sirve de amparo de los vientos del norte a Yecla, vientos llamados Mata Cabras, y en el que manaron unas fuentes que hizo posible su existencia, hubo un castillo sobre el que se edificó un santuario consagrado a la Purísima Concepción y en el que durante siglos se ha venerado un cuadro de la Virgen María que se decía que era obra debida a los pinceles del evangelista San Lucas, más tarde pasó a ser parroquia. Yecla, a finales del siglo XIX, fue tomada como una ciudad símbolo de la España del 98 por escritores como Azorín y Pío Baroja. Por otro lado tenemos a Jumilla, ciudad dominada por un castillo, y ser importante centro vinícola, y que así mismo es de gran antigüedad como dicen los restos prehistóricos, del Neolítico, encontrados en su solar, perviviendo la leyenda de la etapa romana de que en sus tierras Viriato se enfrentó en varios enfrentamientos a los cónsul es Vetelio y Fabio Máximo Emiliano.

FOTO 13: EN CALASPARRA LAS AGUAS DEL SEGURA BAÑAN LOS ARROZALES. FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO 13: EN CALASPARRA LAS AGUAS DEL SEGURA BAÑAN LOS ARROZALES. FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO 14: LOS BOSQUES DE RIBERA DEL SEGURA, COMO EN CAÑAVEROSA, SON UNA ESTAMPA LLENA DE BELLEZA. FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO 14: LOS BOSQUES DE RIBERA DEL SEGURA, COMO EN CAÑAVEROSA, SON UNA ESTAMPA LLENA DE BELLEZA. FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO    15: LOS PAISAJES ÁRIDOS DE FORTUNA Y ABANILLA. FOTO F. FLORES ARROYUELO

El centro de su vida espiritual es la ermita de Santa Ana en un monte próximo que, desde el siglo XVI, ha estado al cuidado de los franciscanos. Las manifestaciones culturales, desde romerías, carnaval, representaciones de los ciclos de Navidad y Semana Santa, las hogueras de San Juan, subastas para reunir dinero para las fiestas... y que, junto a otras manifestaciones han quedado en el cancionero popular. La influen- cia manchega aparece en su cancionero y bailes, así como en su refranero.

Abanilla y Fortuna

La sexta es la comarca que de Abanilla y Fortuna, en parte montuosa, y sobre todo colmada de tierras gredosas y margas en cárcavas y torrenteras, y por ello revestida de una vegetación xerófila salvo en pequeños oasis que aparecen en los lechos de sus ramblas o del río Chícamo, de escasas aguas, todo lo cual ha hecho que sea conocida por la Palestina española. Tierras que durante los siglos medievales fluctuaron entre aragoneses y castellanos, así como su dependencia de la Orden de Calatrava. El pasado de ambas villas fue siempre dramático, unas veces a consecuencia de catástrofes naturales, otras por el efecto de sequías continuadas, a veces por la despoblación de los moriscos que vino a arruinar sus campos al quedar sin cultivar. La población de Abanilla, en aquel momento, no pasó de 180 cristianos viejos. Y como resultado de todo ello, tuvieron que pasar cientos de años, hasta el siglo XVIII, para que se reiniciara una etapa de florecimiento como lo muestra la construcción de edificios de gran carácter como casa Cabrera, la casa de los Enríquez, la de los Diezmos o de la Encomienda...

Los aspectos culturales que la definen son sus fiestas de la Santa Cruz, aparte de sus mil trabajos de porfía entre el agua y la tierra, y aspectos propios de la vida diaria que marcan una manifiesta influencia le- vantina que se hace visible en su lengua y en otras muchas exteriorizaciones .

Valle del Guadalentín

La séptima ocupa el Centro de la Región, y en ella encontramos el valle del Guadalentín, de aguas escasas que se convierten en torrenciales cuando llueve de manera copiosa en las sierras de su cabeza, y de tierras salitrosas que ocupan las de los mu- nicipios de Librilla, Alhama, Totana y Lorca, para, por la llanura del Campillo que se abre al sur de esta última ciudad, llegar a las almerienses. Continuando hacia el oeste se atraviesan las tierras pizarrosas de Puerto Lumbreras, y por el norte se entra en una gran llanura donde abundan pequeños poblados como La Paca, Doña Ines, Zarzadilla de Ramos... y pequeñas montuosidades como las sierras del Burete y de las Cabras...

En primer lugar, debemos destacar la importancia viaria que este valle ha tenido durante siglos, pues ha sido el corredor natural que ha unido al Levante español con Andalucía, lo que ha hecho, por ejemplo, que un pueblo como Librilla haya sido levantado junto a un puente sobre una profunda garganta labrada por una rambla, o que otro, como Alhama, deba su fundación en época romana a ser un núcleo levantando entorno a unas termas. La vía romana era de la categoría de actus , o vía se- cundaria o vecinal, que unía a Ilici o La Alcudia (Elche) para atravesar el Segura a la altura de Alcantarilla y continuar ya junto al río Guadalentín hasta Deitana urbis o Ciudad de Dios, de donde pasó a Elotana y Totana, y que en un primer momento fue un barrio de Aledo, que hoy es un pequeño pueblo amurallado y ayer, hasta la caída de Granada, pueblo defensivo de frontera, y ya llegar a Lorca donde empalmaba con la Vía Augusta que procedía de Carthago Nova (Carta- gena).

Desde Totana, y por el camino que serpenteando por el monte lleva a Aledo, encontramos La Santa, ayer ermita y hoy un importante santuario levantado en el siglo XVI que está dedicado a Santa Eulalia de Mérida, lo que hace de ello ser fiel referencia del dominio de la Orden de Santiago, y asímismo de ser lugar de peregrina- ción y de una importante romería que muchas veces ha sido ocasión de rogativas de lluvia para paliar tremendas sequías.

FOTO 16: RUINAS DEL CASTILLO FRONTERIZO DE XIQUENA EN LOS CAMPOS DE LORCA. FOTO F. FLORES ARROYUELO

 

 

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