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Áreas culturales

Capítulo V. Actividades socio culturales

Si hay un punto de partida que debe ser tenido en cuenta en el momento de iniciar una expo- sición, por muy ajustada que sea, de lo que durante siglos ha sido el desarrollo de lo que ha de entenderse por vida tradicional en la Región de Murcia, y la manera en que todavía pervive de manera harto amortiguada en deter- minados ámbitos rurales, debe ser el que esta- blece las relaciones de dependencia y afinidad, mayores o menores, de sus moradores con el paisaje que los envuelve y en parte los determina como tales, pues no en vano puede decirse que son sus consecuencias directas, sus hijos.

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FOTO 17: EL CENTRO DE LA REGIÓN DE MURCIA ESTÁ OCUPADO POR LA MASA FORESTAL DE SIERRA ESPUÑA. FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO 17: EL CENTRO DE LA REGIÓN DE MURCIA ESTÁ OCUPADO POR LA MASA FORESTAL DE SIERRA ESPUÑA. FOTO F. FLORES ARROYUELO

Todo el área central de la Región es una zona de transición en la que destaca como capital Lorca, que ya en la antigüedad tuvo una enorme importancia.

FOTO 18: CIMA DE REVOLCADORES. (2.027 M), MÁXIMA ALTITUD DE LA REGIÓN. FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO    18: CIMA DE REVOLCADORES. (2.027 M), MÁXIMA ALTITUD DE LA REGIÓN. FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO 19: PAISAJE DE LAS TIERRAS DE BULLAS. FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO 19: PAISAJE DE LAS TIERRAS DE BULLAS. FOTO F. FLORES ARROYUELO

Todo este área es una zona de transición en la que destaca como capital Lorca, y que ya en la antigüedad tuvo una enorme importancia, pues se hizo presente en el 301 en el Concilio de Lliberis, y que continuó con la conquista árabe como lo demuestra el hecho de ser una de las siete ciudades que figuraron en la capitulación del Tudmir. Todo este cúmulo de culturas se ha manifestado en etapas de esplendor comercial, ganadero y agrícola que ha pervivido hasta nuestros días tanto en la ciudad como en la población dispersa por las tierras del valle, y se ha manifestado en referencias arquitectónicas y artesanales, en las que hay que destacar su alfarería como nos lo dicen numerosos cantes populares y las labores de sus telares en hilo de algodón y que hoy han pasado a los talleres de bordados de seda que se muestran con orgullo en sus desfiles bíblicos-pasionales...

Noroeste

Por último, debemos referirnos a la amplísima área del Noroeste con los municipios de Moratalla, Caravaca y Cehegín que se continúa por la cuenca del río Mula con pueblos como Bullas, Mula, Albudeite y Campos del Río y Pliego, este último en las estribaciones de Sierra Espuña. Zona que posee grandes unidades de relieve y enormes zonas boscosas, como la sierra de Moratalla, con el pico de Revolcadores, máxima altitud de la Región con 2.027 m, Sierra de los Álamos, sierra de la Muela, sierra del Gavilán, sierra de Quípar... así como grandes llanuras en las que se cultivan en gran proporción cereales, lo que la convierte en un verdadero granero. En ella, aparecen grandes zonas casi desiertas, lo que ha hecho que su población se haya ido concentrando en los pueblos ante- riormente nombrados, así como que en cada uno de ellos existan verdaderos centros espirituales como en Caravaca, con el santuario de la Santa Cruz al amparo de una leyenda piadosa que lleva a los días medievales, en 1232, cuando la Santa Cruz, de dos brazos, fue llevada por los ángeles en circuns- tancias extraordinarias, así como en Moratalla está el santuario del Cristo del Rayo y el santuario de Nuestra Señora de la Rogativa, o en Mula el santuario del Santo Niño del Balate, o en Cehegín el de Nuestra Señora de las Maravillas... Y con ello, debemos anotar también que es el área de la Región de Murcia que tiene la máxima presencia de lluvia, así como que en ella, durante los meses de enero y febrero, sea frecuente la concurrencia de un gran frío que suele conllevar copiosas nevadas.

Todo este área ha estado poblada desde la antigüedad, por lo que cuenta con notables testimonios arqueológicos como las ruinas del templo de La Encarnación en Caravaca, o próximo a Cehegín la ciudad de Begastri en el Cabezo de Roenas, capital que fue de la región deitana y de notable importancia en los primeros siglos de nuestra era por ser sede episcopal. Cuenta además, con leyendas en Cehegín y Mula que lleva a que fueron pueblos fundados por los héroes troyanos compañeros de Ulises, que llegaron a las costas mediterráneas y pasaron al interior en busca de los lugares más idóneos.

FOTO    20: TAMPOCO FALTA LA NIEVE EN EL NORTE DE LA REGIÓN. FOTO F. FLORES ARROYUELO

Durante mucho tiempo, en Cehegín, se cultivó la fibra de lino mientras que en Albudeite, como en Abanilla y Cieza, se trabajó y en alguna medida continúa haciéndose pleita de esparto como se puede ver en sus calles al caer la tarde a la puerta de las casas.

Por otro lado, debemos tener en cuenta que el devenir histórico, desde la misma antigüedad, ha hecho que la Región de Murcia haya sido habitada por pueblos como los argáricos, íberos..., y que haya sido una especie de gran corredor por el que han pasado casi todos los pueblos que en diferentes momentos llegaron a España, y como tales lo fueron desde los griegos y fenicios, hasta los cartagineses y romanos, así como los bizantinos y visigodos, y más adelante los árabes, pocos en número en un primer momento, pero que pasaron a quedar unidos a los mozárabes que persistieron en ella una vez que se adaptaron a las nuevas condiciones impuestas por los conquistadores, y posteriormente, ya en los siglos medievales, desde los catalanes y aragoneses hasta los castellanos..., y en nuestros días, como algo propio del siglo XXI, han llegado verdaderas oleadas de emi- grantes de diferentes nacionalidades sudamericanas, senegaleses, marroquíes, polacos, rumanos...

El resultado de estas conjunciones de diferentes razas y culturas a lo largo de siglos, un hecho que ha de ser asumido de manera consecuente como una realidad que difícilmente puede ser cuestionada, pues la evidencia del flujo histórico que está manifestándose en nuestro presente para hacer un compendio y una consecuencia de lo que ha sido su pretérito, lo que ha precipi- tado que tanto desde el punto de vista de las diferentes etnias que se hicieron presentes en el solar mur- ciano, bien por conquista como por concurrencia, y casi siempre en una proporción significativa. En la actualidad, la Región de Murcia puede ser tenida por un claro ejemplo de mestizaje, manifiesto y profuso, que ha sido llevado a cabo de un modo persistente pues, por no haberse pretendido su control, siempre equívoco y siempre insuficiente, hasta momentos tardíos, como ve- mos que sucedió en los siglos XVI y XVII con la imposición de los Estatutos de sangre (un movimiento claramente seleccionador aplicado al estrato superior de la sociedad), de la misma manera que en el resto de España, y su implícita continuación sobre diferentes fórmulas que apenas dieron fruto, y que más que mover a la dispersión cultural, siem- pre negadora de una personificación definidora, ha servido para que se haya movido sobre un movimiento integrador y unificador.

El devenir histórico desde la misma antigüedad, ha hecho que la Región de Murcia haya sido habitada por pueblos como los argáricos, íberos... y que haya sido una especie de gran corredor por el que han pasado casi todos los pueblos que en diferentes momentos llegaron a España, y como tales lo fueron desde los griegos y fenicios, hasta los cartagineses y romanos, así como los bizantinos y visigodos, y más adelante los árabes.

De ahí, la existencia del sentimiento profundo y dominante de que Murcia es tierra acogedora, pues no falta, en su ignorancia, el que dice que otra cosa significa el dicho: Mata al rey y vete a Murcia, y que se evidencia en numerosas situaciones y orientaciones, si queremos, un tanto vagas, así como en realidades bien definidoras que han dado como resultado un sentido de la convivencia, y con todo ello de su gastronomía, del sentido de la religiosidad popular, de sus manifestaciones festivas..., o de su mismo lenguaje tanto en lo tocante a su fonética como a su vocabulario. Asímismo, para bien o para mal, destaca la facilidad con que se acepta que desaparezcan las referencias a su pasado, la falta de necesidad de pervivencia de la memoria histórica..., lo que hace que todo ello quede contrapesado por un complaciente canto al presente o a un pasado todavía próximo que es entrevisto desde un sentimentalismo dulzón y poco más lo que parece que libra de una aceptación de cierta culpa.

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