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Arquitectura popular y calendario festivo

Capítulo V. Actividades socio culturales

Junto a la parcelación que hemos dispuesto desde el punto de vista cultural de lo que es solar murciano, y aunque lo hayamos hecho de una manera más o menos ajustada a lo que podemos comprender como diferentes espacios que en ellos mismos observan una cierta homogeneidad cultural, debemos pasar a ver lo que es la piedra angular sobre la que se establecen las relaciones inmediatas de los seres humanos con la tierra, como es la casa, una realidad que asi mismo debemos tenerla como parte integradora de lo que es su paisaje.

Arquitectura popular y calendario festivo

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FOTO 7. COCINA DE LA CASA POPULAR MURCIANA (DIBUJO DE JULIO CARO BAROJA).

FOTO 7. COCINA DE LA CASA POPULAR MURCIANA (DIBUJO DE JULIO CARO BAROJA).

En el campo y en numerosos pueblos, las casas populares solían ser de uno o dos pisos, y su distribución, en la planta baja, estaba dividida en tres habitaciones. En la primera, quedaba la entrada de la que solía arrancar la escalera volada, quedando en su hueco el tinajero y una puerta que daba a la sala . En la segunda habitación estaba la cocina que, por lo general, quedaba a nivel del suelo con una gran campana sobre la que corría la leja en la que solían colocarse objetos decorativos. Bajo la campana había un poyo en el que se colocaban sillas o se sentaban. En las casas de campo, durante el siglo XIX y buena parte del siguiente, en dichos poyos solían dormir los mozos de labranza. En el muro del que arrancaba la chimenea había una concavidad en la pared que facilitaba el tiro y que recibía el nombre de ladrón . Empotrados en la pared había una o dos alacenas acristaladas para guardar diversos objetos, así como un armario, llamado sartenero, en el que se guardaban los objetos propios de la cocina. El armario que guardaba la loza y los vasos..., recibía el nombre de chinero .

Otro tipo de casa que ha habido en la región ha sido la cueva , como encontramos todavía en Abanilla, Jumilla, Puerto Lumbreras...

En las grandes propiedades, tanto de secano como de huerta, en el Campo de Cartagena, de Caravaca, de Calasparra... que, por lo general, quedaban alejadas de los núcleos rurales, se levantaron grandes mansiones, y junto a ellas, adosadas o distanciadas, otras para dar techo a las familias de los aparceros, así como otras para dar amparo a los temporeros de los días de la recolec- ción, aparte de almacenes, molinos, y guarda de aperos y utillajes, cuadras de animales, hornos, grandes aljibes, palomares..., y que en buena parte hoy están dejadas a su suerte.

FOTO 9. CASA CON TERRAZA, DICHAS MORAS. (CUADRO DE PEDRO FLORES)

FOTO 9. CASA CON TERRAZA, DICHAS MORAS. (CUADRO DE PEDRO FLORES)

FOTO 11. CASA GRANDE DE ESPINARDO (MURCIA).

FOTO 11. CASA GRANDE DE ESPINARDO (MURCIA).

El armario que guardaba la loza y los vasos..., recibía el nombre de chinero.

FOTO 12. CASA CUEVA. FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO 12. CASA CUEVA. FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO 8. TINAJERO MURCIANO. FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO 8. TINAJERO MURCIANO. FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO 10. CASA DEL HUERTO DE LAS BOMBAS EN EL CAMINO REAL A CASTILLA.

FOTO 10. CASA DEL HUERTO DE LAS BOMBAS EN EL CAMINO REAL A CASTILLA.

 

Calendario festivo

La fiesta, antes que otra cosa, es una ceremonia que en gran parte se muestra como una enigmática realidad, y como tal, en buena parte, viene a definir una sociedad; es un rito extraño susceptible de alzar numerosos interrogantes que periódicamente se recupera, y que, por lo general, al haber seguido un proceso consecuente de mitificación, suele aparecer desligado del significado justificativo que tuvo en un origen que con frecuencia pasó al olvido.

FOTO 13. ROMERÍA DE LA ROGATIVA (MORATALLA). FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO 13. ROMERÍA DE LA ROGATIVA (MORATALLA). FOTO F. FLORES ARROYUELO

Repetido año tras año, dicho ritual ha ido codificándose en unas fór- mulas quintaesenciadas que reflejan o, al menos, dejan entrever muchas de las fuerzas y tensiones que dan forma a lo que se entiende por idiosincrasia de un pueblo, y es que la fiesta constituye un periodo de la vida comunitaria en el que se quiebra la rutina que día a día ha ido marcando la línea mágica y continua del tiempo.

Por ello, frente al ritual diario, regular, acomodaticio, y como propio de fechas concretas que están fijadas en el calendario, se produce este rito festivo. Siempre con su principio, con su ascensión, y con su declive y final, y que únicamente es accesible a las personas que, generación tras generación, han sido iniciadas en sus símbolos y arcanos, los que son propios de un lugar y como tales partícipes de un secreto bien guardado.

Tales personas, cuando llega el momento, se convierten en actores de lo que siempre es una representación y lo hacen desde papeles muy variados. Frente a ello quedan los extraños, que sólo se aproximan a estas ceremonias una vez que han sido llamados por la curiosidad. Por ello están condenados a vivirlas siempre desde fuera, a ser figurantes indiferentes que han de conformarse con el papel de ser meros espectadores y poco más, muy poco más.

Las celebraciones festivas encierran la clave que permite a los que en ellas participan adquirir los conocimientos crípticos y simbólicos que integran lo que ha de admitirse como el subconsciente colectivo de un pueblo, lo que conlleva que se exprese, sin que a veces se tenga conciencia de ello, todo lo que permanece escondido en lo más recóndito de su conciencia, y los enraíce con determinación en un lugar, en un preciso paisaje, a un espacio concreto del mundo, porque saben que de él vienen y con él, posiblemente, se confundirán al final de su vida.

En gran medida, las definiciones que se han dado por numerosos estudiosos de lo que es una fiesta, entre ellas a la que dice que es representación del mundo (Roger Callois), y en ella lo que debemos entender por sus elementos esenciales, como son los que para una sociedad vienen a representar y gravitar como son el espacio y el tiempo, que en todo momento se hacen presentes, y por tanto juegan un papel determinante en ella. Además hay que añadir aquellos que aparecen unidos a ellos, aunque sean de menor rango pero que son sumamente importantes, como los de orden económico y organizativo, político, social, religioso...

Y con ello, todos los que participan activamente en la fiesta no sólo recobran periódicamente, y en medio de los avatares de lo que es la vida que fluye, un tiempo pasado que ya permanece inmutable, sino que pasan a adquirir la seguridad de reencontrarse, en un tiempo que parece recuperado, y hasta enigmático e incierto, por nuevos anclajes confortadores.

De este modo, las personas tienen la posibilidad de reconocerse en su estado puro y neto. Todas las manifestaciones de la fiesta que para los no iniciados pueden presentarse como un conjunto estructurado de acciones de difícil interpretación, cuando no absurdas e incoherentes, pero que en un momento dado pa- san a adquirir un sentido profundo dentro de una apariencia coherente que se diluye tan pronto llega su final.

Por la fiesta recobramos el vigor creador de la primera edad, representa una ruptura maravillosa en el tiempo para que los seres humanos recuperen unas fuerzas poderosas de las que estuvieron dotados.

La fiesta constituye un periodo de la vida comunitaria en el que se quiebra la rutina que día a día ha ido marcando la línea mágica y continua del tiempo.

FOTO 14. ROMERÍA DE SEPTIEMBRE DE LA VIRGEN DE LA FUENSANTA (HUERTA DE MURCIA). FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO 14. ROMERÍA DE SEPTIEMBRE DE LA VIRGEN DE LA FUENSANTA (HUERTA DE MURCIA). FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO 15. BAJADA DEL NIÑO DE MULA. FOTO F. FLORES ARROYUELO

FOTO 15. BAJADA DEL NIÑO DE MULA. FOTO F. FLORES ARROYUELO

 

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