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La ocupación del suelo

Capítulo III. El medio humano

La creciente necesidad de describir fielmente el territorio ha dado lugar al desarrollo de la moderna cartografía topográfica y, con base en ésta, a innumerables productos derivados o complementarios que aportan la información necesaria sobre los aspectos más variados que acaparan nuestro interés. El lector encontrará en esta publicación numerosos ejemplos de ello.

La ocupación del suelo

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Los rasgos básicos de la ocupación del suelo

La agricultura como elemento dominante

A la vista de la base de datos de ocupación del suelo, una primera idea prevalece claramente sobre las restantes: en la Región de Murcia dominan las zonas agrícolas sobre cualquier otro tipo. En el año 2000 los terrenos de cultivo suponen más de 640.000 hectáreas, casi el 57% del suelo total regional. (FIGURAS 2 A 4).

Pero además, este gran conjunto de superficies ha experimentado durante la última década del S. XX un extraordinario dinamismo que ha afectado a nada menos que 100.000 hectáreas. Por un lado, se observa que los terrenos agrícolas han crecido en Murcia ocupando más de 6.000 hectáreas de nuevas zonas, sobre todo a costa de áreas que antes eran forestales (el 96%). Pero por otro la agricultura ha perdido más de 13.600 hectáreas, principalmente a costa de nuevas superficies artificiales (el 83%). Sin embargo la gran transformación de la agricultura murciana sobre el territorio se explica sobre todo por su propia evolución interna, que afecta a casi 81.2000 hectáreas, lo que supone que de las casi 637.000 has que han permanecido como agrícolas durante todo el periodo, el 12,7% ha sido transformado.

Tres grandes sistemas de producción, con su correspondiente huella en el territorio, ocupan por sí solos más de la mitad del suelo agrícola de la Región de Murcia. Se trata, por orden de importancia, de los sistemas de mosaicos de cultivos (en su ma yoría de secano), las tierras de labor en secano, principalmente orientadas al cereal, y los frutales de secano (sobre todo almendro). Más de 325.000 hectáreas se inscriben en alguna de esas categorías. Se trata, sin embargo, de tipos de ocupación en retroceso ante el avance de fórmulas más intensivas y transformadoras del medio, como los cultivos hortofrutícolas y bajo plástico, que experimentan unos crecimientos ciertamente espectaculares.

Destaca, por su envergadura, la pérdida de casi 26.000 hectáreas de tierras de labor en secano, la clase de mayor extensión superficial de las zonas agrícolas (con el 22% en 1990 y el 18% en 2000). En su práctica totalidad han pasado a ser regadíos, mitad cultivos herbáceos, mitad diferentes tipos de leñosos.

Los cultivos herbáceos en regadío, donde se ubican la mayor parte de producción de hortalizas al aire libre de nuestra región, han crecido de forma significativa, ocupando más de 21.000 nuevas hectáreas sobre todo de las tierras de labor en secano, pero también a costa de cultivos mixtos y frutales de secano. Más de 10.000 hectáreas de esta clase, sin embargo, han cedido a otros usos, en su mayoría también agrícolas y de regadío.

La clase “otras zonas de irrigación”, en la que se ubican los invernaderos, ha desarrollado un crecimiento es pectacular, el mayor en términos relativos de todas las superficies agrícolas (84%). De las más de 4.600 nuevas hectáreas, más de la mitad han sido a costa de cultivos herbáceos en regadío, lo que indica un proceso de intensificación de la producción.

Se da también un importante crecimiento de los frutales. Tanto cítricos como otros frutales en regadío (mayoritariamente de hueso) han experimentado también un notable crecimiento (7.000 y 11.000 hectáreas netas respectivamente) de entre el 23 y el 29%. Salvo unas 3.300 has ocupadas por cítricos sobre antiguos cultivos herbáceos de regadío, el crecimiento de los frutales en regadío se ha hecho a costa de clases que representan un mayor grado de naturalidad.

En la Región de Murcia se han perdido más de 10.000 hectáreas de terrenos principalmente agrícolas con importantes espacios de vegetación natural, generalmente en zonas de transición agrícola-forestal. Al menos la mitad de esta superficie ha sido ocupada por clases agrícolas de tipo intensivo.

Por último, cabe señalar que hay otros datos significativos como la pérdida de más de 3.000 hectáreas de viñedo, 1.400 de mosaicos de cultivos (huertas tradicionales) y cerca de 1.000 de frutales de secano. (TABLA 1) (FIGURA 5)

FIGURA 2: DISTRIBUCIÓN DE LOS TERRENOS OCUPADOS POR LA AGRICULTURA (AÑO 2000).

FIGURA 2: DISTRIBUCIÓN DE LOS TERRENOS OCUPADOS POR LA AGRICULTURA (AÑO 2000).

FIGURA 3: RELACIÓN DE LA OCUPACIÓN AGRÍCOLA CON EL RESTO (AÑO 2000)

FIGURA 3: RELACIÓN DE LA OCUPACIÓN AGRÍCOLA CON EL RESTO (AÑO 2000)

FIGURA 4: LOCALIZACIÓN DE LAS ZONAS AGRÍCOLAS Y DE LO CAMBIOS EXPERIMENTADOS ENTRE 1990 Y 2000.

FIGURA 4: LOCALIZACIÓN DE LAS ZONAS AGRÍCOLAS Y DE LO CAMBIOS EXPERIMENTADOS ENTRE 1990 Y 2000.

FIGURA 6 : DISTRIBUCIÓN D LOS TERRENOS OCUPADOS POR ESPACIOS ABIERTOS, FORESTALES Y ZONAS HÚMEDAS (AÑO 2000)

FIGURA 6 : DISTRIBUCIÓN D LOS TERRENOS OCUPADOS POR ESPACIOS ABIERTOS, FORESTALES Y ZONAS HÚMEDAS (AÑO 2000)

TABLA    1. PRESENCIA Y EVOLUCIÓN DE LOS GRANDES TIPOS DE OCUPACIÓN DEL SUELO AGRÍCOLA  

Clase

Superficie

Diferencia

Peso relativo

 

1990

2000

has

%

1990

2000

Tierras de labor en secano

143.866

117.897

-25.969

-18%

22%

18%

Cultivos herbáceos en regadío

78.950

88.946

9.995

13%

12%

14%

Otras zonas de irrigación

5.546

10.201

4.655

84%

1%

2%

Arrozales

682

661

-21

-3%

0%

0%

Viñedos

40.460

37.439

-3.021

-8%

6%

6%

Frutales en secano

74.670

73.759

-911

-1%

12%

12%

Cítricos

30.049

37.055

7.006

23%

5%

6%

Frutales tropicales

0

0

0

0%

0%

0%

Otros frutales en regadío

40.434

52.037

11.603

29%

6%

8%

Olivares

4.552

4.954

402

9%

1%

1%

Praderas

0

0

0

0%

0%

0%

Cultivos anuales asociados con cultivos permanentes

187

107

-80

-43%

0%

0%

Mosaico de cultivos anuales con praderas y/o pastizales

100

100

0

0%

0%

0%

Mosaico de cultivos permanentes

30.330

30.632

302

1%

5%

5%

Mosaico de cultivos anuales con cultivos permanentes

135.496

134.096

-1.400

-1%

21%

21%

Terrenos principalmente agrícolas, pero con importantes espacios

de vegetación natural

65.150

55.032

-10.118

-16%

10%

9%

Sistemas agroforestales

0

0

0

0%

0%

0%

SUMA PROMEDIO

650.472

642.915

75.482

4.440

15%

100%

 

 

Retroceso de los espacios abiertos y con vegetación natural

FIGURA 7: RELACIÓN DE LOS TERRENOS FORESTALES Y DE ESPACIOS ABIERTOS CON EL RESTO (AÑO 2000).

FIGURA 7: RELACIÓN DE LOS TERRENOS FORESTALES Y DE ESPACIOS ABIERTOS CON EL RESTO (AÑO 2000).

Existe un variado conjunto de tipos de ocupación del suelo, que denominamos por simplicidad “forestal”, pero que abarca todos los espacios no cultivados o artificiales, y que incluye también a las zonas húmedas y a distintas clases de terreno desprovisto de vegetación (suelos desnudos, roquedos, playas, cárcavas, etc.). En su conjunto, aunque en distinto grado, constituyen los es pacios con mayor naturalidad y menor intervención humana; y por ello, con las precauciones debidas, sirven de indicador del grado de conservación de los recursos naturales.

En este amplio conjunto, que ocupa en el año 2000 unas 447.300 has, casi el 40% del territorio regional ha experimentado algunos cambios que, si bien no son comparables en extensión a los acaecidos en terrenos agrícolas, sí marcan una tendencia clara. De las 446.000 has que han permanecido dentro de este grupo (no dejaron de ser forestales o se habían incorporado al grupo al final del periodo), nada menos que 27.500 (el 6,2%) ha experimentado cambios. Aparentemente es la mitad que los experimentados en las zonas agrícolas (recordemos que era del 12,7%), pero tengamos en cuenta que a estos sistemas se les supone una mayor estabilidad por ser mucho menor la intervención humana (que en el caso de la agricultura es esencial). Se trata por ello de una cifra comparativamente muy alta. (FIGURAS 6, 7 y 8).

Si existe una clase claramente dominante es la de los bosques de coníferas (pinares), que ocupan casi 110.000 has. y suponen la cuarta parte de todo el territorio forestal y el 93,6% de su superficie arbolada. Por orden de magnitud, le siguen distintos tipos de formaciones de matorral de diferente densidad y cobertura que, en su con junto suponen casi 245.000 has (el 54% de los terrenos forestales) y las xeroestepas (casi 72.000 has). Con esta somera descripción tenemos descritos nada menos que el 94,5% de los terrenos forestales, de espacios abiertos y zonas húmedas existentes en la Región de Murcia. Esto, obviamente, no hace referencia alguna a su calidad ecológica, diversidad o importancia funcional en la regulación de proceso naturales, pero ofrece una idea clara de las grandes formaciones de vegetación natural o seminatural que salpican el territorio. Frente a esto, las formaciones claramente diferenciadas de peremnifolias (encinares), bosque mixto, bosques de ribera, etc... apenas si acumulan en conjunto las 7.000 hectáreas.

Como resultado general de los cambios acaecidos en este conjunto de clases de ocupación del suelo destaca como muy relevante la pérdida de 7.000 hectáreas de pinares (5.600 en Moratalla), a favor sobre todo de distintos tipos de formaciones de matorral y Xeroestepa (que crece en total más de 10.000 has). Esta es la consecuencia más palpable del incendio que asoló la comarca del noroeste en 1994. (TABLAS 2 y 3) (FIGURA 9)

FIGURA 8: LOCALIZACIÓN DE LAS ZONAS FORESTALES Y DE LOS CAMBIOS EXPERIMENTADOS ENTRE 1990 Y 2000.

FIGURA    8: LOCALIZACIÓN DE LAS ZONAS FORESTALES Y DE LOS CAMBIOS EXPERIMENTADOS ENTRE 1990 Y 2000.

 

 

 

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