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Capítulo II. El medio naturalMontañas robustas y erguidas, cumbres aplanadas, laderas empinadas, canchales ásperos, altiplanos alzados, cerros y lomas, valles encajados, gargantas y cañones, terrazas fluviales escalonadas, cuencas margosas laceradas, barrancos rasgados, ramblas omnipresentes, ríos serpenteantes, glacis extendidos, conos espaciosos, llanuras reducidas, litoral de encanto, karst fantasía en piedra..., el lenguaje secreto de la naturaleza. Leer el paisaje, descifrar y penetrar en el complejo entramado de la naturaleza, contemplar el territorio como paisaje significa introducir una clave de comprensión, mirar a la naturaleza desde la inteligencia y la sensibilidad, descubrir el significado de la vida. Además de aportar información vital del entorno donde viven los humanos, los paisajes naturales, provocan el sentimiento estético y hacen vivir emociones trascendentes (FOTO 1) . El paisaje representa uno de los aspectos esenciales de la calidad de vida, es indisociable de la sostenibilidad global, su diversidad y alto valor, constituye un re- curso, un patrimonio de toda la población de la Región de Murcia. |
Los paisajes geomorfológicos
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En estas formaciones se observan varias y complejas fases de acarreo y depósito. Hacia techo, suelen aparecer armados por una costra calcárea más o menos potente. Estas interesantes geoformas se hallan muy generalizadas por todos los piedemontes de las principales sierras de la región: Revolcadores, Mojantes, Molino, Espuña, Ricote, La Pila, El Carche, Torrecilla, La Almenara y otras. Por su amplitud y perfección destacan los de la vertiente norte de la Sierra de Carrascoy (FOTO 15).
Glacis. Entre las sierras, se encuentra un conjunto de corredores, cuencas y depresiones rellenas de sedimentos neógenos y cuaternarios, sobre los que se han originado unos extensos y suaves planos inclinados denominados glacis (FOTO 16). Estas geoformas, en la región, son de grandes dimensiones, en ocasiones de 10 km y más kilómetros de longitud y varios de anchura. Suelen estar cubiertos por una dura, compacta y robusta costra caliza que los ha fosilizado (López Bermúdez, 1973, 1974b). Por su interés geomorfológico y paleoclimático destacan, por la margen izquierda del río Segura, los que se extienden al pie de la sierras de Abanilla, La Pila, Ascoy, Larga, El Carche, Buey, Enmedio, alineación sierras del Puerto-Cabeza del Asno-Picarcho. Por la margen derecha, los correspondientes a los relieves de Revolcadores, Mojantes, Burete, Almirez, La Carrasquilla, La Almenara, Algarrobo y vertiente meridional de la alineación Carrascoy-Cresta del Gallo y Columbares.
Valles fluviales, gargantas y terrazas
Los cursos de agua son importantes agentes de modelado terrestre, son los principales transportadores de sedimentos que cada año transfieren grandes cantidades de material sólido a los llanos de inundación y al mar. Las corrientes de agua constituyen uno de los más destacados sistemas geomorfológicos que han configurado valles, gargantas o cañones. El trabajo geomorfológico que realizan los cursos de agua, sean permanentes, estacionales u ocasionales, se expresa en tres procesos interrelacionados: erosión, transporte y sedimentación.
La erosión producida por la corriente es el progresivo excavado y remoción del material del fondo y de las orillas del cauce, o del propio material transportado y sedimentado (aluviones). El transporte consiste en el desplazamiento de los sedimentos mediante su arrastre por el fondo, suspensión o disolución. La sedimentación es la acumulación progresiva de los materiales transportados sobre el lecho del curso de agua, sobre el llano de inundación, en su desembocadura en el mar o en la confluencia con otro curso de agua. En función de su poder de erosión y transporte, los cursos de agua han originado una amplia red que drena el territorio, su envergadura y densidad depende del volumen, intensidad, turbulencia y frecuencia de los caudales circulantes, y de la naturaleza de los materiales sobre los que discurren las aguas.
Los paisajes geomorfológicos más sobresalientes que construyen los ríos son: valles, gargantas o cañones, terrazas, llanos de inundación, meandros y deltas. Todos están representados en la Región de Murcia, excepto los deltas, ya que el río principal, el Segura, desemboca en el Mediterráneo fuera del territorio murciano.
Los cursos de agua crean sus propios valles, normalmente, el tamaño de éstos es proporcional a la importancia pasada y reciente del río. El excavado y dimensiones de los valles fluviales de la región, no se corresponden con el volumen y energía de los caudales que en la actualidad circulan por los cauces. Los valles fueron tallados en los tiempos cuaternarios bajo condiciones climáticas lluviosas que suministraban abundantes caudales a los cursos de agua. En función de la abundancia y energía de las aguas corrientes, de la erosionalidad de las rocas que excavan, del grado de tectonización y fracturación de estos materiales y de los procesos gravitacionales, los valles fluviales de la Región de Murcia, pueden dividirse en dos tipos generales: valles estrechos en forma de V, y valles anchos con fondo plano, en forma de artesa y, entre ambos, diversos tipos de transición.
FOTO 16. EXTENSOS Y SUAVES DEPÓSITOS DE MATERIALES, CONOCIDOS COMO GLACIS, SE HALLAN AL PIE DE LAS SIERRAS, MODELANDO DEPRESIONES Y CORREDORES INTRAMONTANOS. GLACIS DE LA SIERRECICA DE ENMEDIO Y SIERRA DEL BUEY, JUMILLA. FOTO F. LÓPEZ BERMÚDEZ.
FOTO 17. ESTRECHO VALLE DEL RÍO SEGURA EN OJÓS. FOTO F. LÓPEZ BERMÚDEZ.
A lo largo del curso de un mismo río, como ocurre con el Segura, pueden encontrarse ambos tipos. Aguas arriba de Archena, predomina el valle estrecho en forma de V (FOTO 17), mientras que aguas abajo es el segundo. El valle estrecho en forma de V indica que el trabajo fundamental de la corriente de agua ha sido el de erosión vertical, mientras que en los valles anchos la erosión vertical deja el protagonismo a la erosión lateral, la energía de la corriente se dirige de un lado a otro. De este modo, se origina un fondo de valle plano o llano de inundación. El valle del Segura, aguas abajo de La Contraparada, en la Huerta de Murcia, ofrece un magnífico ejemplo de este paisaje (FOTO 18). Los cursos de agua que discurren sobre llanos de inundación, ya sean erosivos o deposicionales, se mueven describiendo sinuosidades o curvaturas más o menos pronunciadas, en donde concavidades y convexidades se suceden a lo largo de una misma orilla, son conocidas como meandros (López Bermúdez, 1973; Vilá Valentí et al., 1984).
FOTO 18. DEPRESIÓN-VALLE, DE FONDO PLANO DEL RÍO SEGURA, AGUA DEBAJO DE LA CIUDAD DE MURCIA. SIERRA DE ALTAONA Y, DETRÁS, LA DE COLUMBARES.
FOTO 19.EL RÍO SEGURA SE ENCAJA EN LAS ESTRIBACIONES DE LA SIERRA DE PALERA LABRANDO UN ANGOSTO Y LARGO CAÑÓN: LOS ALMADENES, CIEZA. FOTO F. LÓPEZ BERMÚDEZ.
El río Segura, otra vez, desde La Contraparada y hasta su desembocadura en el mar Mediterráneo, describe un extraordinario muestrario de meandros, en gran parte suprimidos por obras de rectificación y canalización del cauce en el marco de un plan de prevención contra avenidas. Con estas actuaciones recientes, la longitud del río se ha acortado en unas cuantas decenas de kilómetros. Otras geoformas frecuentes en los valles fluviales de la Región de Murcia son las gargantas o cañones y las terrazas fluviales. Las gargantas han sido labradas por los cursos de agua al atravesar un relieve importante, son formas de paisaje relacionadas con la energía de los caudales circulante, en donde la profundidad es considerablemente mayor que la anchura. Suelen estar limitadas por escarpadas paredes y poseen una sección transversal en forma de V, la corriente ocupa todo el fondo. En la región las gargantas mejor talladas por los cursos de agua son las de La Agualeja (Aledo), La Encarnación (Río Quípar, Caravaca), el tramo de Salto del Lucero (río Mula, Bullas), del Infierno (río Luchena, Lorca), río Chícamo aguas arriba de El Partidor (Abanilla) y, sobre todo, Los Almadenes (casi tres kilómetros de longitud y más de 150 metros de desnivel), El Solvente y el Salto de la Novia en la Vega Alta del río Segura (López Bermúdez, 1973) (FOTO 19).
Por último, geoformas ampliamente desarrolladas a lo largo de los cursos de agua que drenan el territorio regional (ríos y grandes ramblas), pero sobre todo, en el valle del río Segura en su recorrido murciano, son las terrazas. Las terrazas aluviales son plataformas que representan niveles superiores y anteriores a los cursos actuales, las terrazas más elevadas son las más antiguas. Su formación está ligada a la alternancia de períodos de aluvionamiento y períodos de excavado o erosión. En el más importante curso fluvial de la región, el Segura, tres sistemas de niveles, de diversa complejidad por su altura respecto al lecho actual del río, amplitud y grado de conservación es posible diferenciar, por un lado, las terrazas bajas que no sobrepasan los 10 m de altura sobre el río actual. Tienen una notable continuidad a lo largo del valle y constituyen el llano de inundación del río, sobre ellas se asienta la huerta tradicional. Las terrazas medias, presentes en numerosos lugares, entre 10 y 40 m sobre el lecho del río, tienen menos continuidad que las anteriores. Sus características sedimentarias y granulométricas son visibles en los tajos de las ramblas, barrancos y canteras de extracción de áridos. También se hallan cultivadas. Las terrazas altas se hallan por encima de los 40 m sobre el río, son los depósitos fluviales más antiguos. Se encuentran representadas a lo largo del valle segureño, sobre todo en los términos de Abarán y Cieza.
Globalmente, las terrazas fluviales, se originaron por fases alternativas de relleno y encajamiento de los cursos de agua debido a cambios climáticos que hicieron variar la energía de las corrientes de agua y las cargas sólidas. Su valor e interés paleoambiental son indiscutibles, por ello, la importancia de su conservación.
Otras geoformas frecuentes en los valles fluviales de la Región de Murcia son las gargantas o cañones y las terrazas fluviales.
Ramblas, barrancos y cárcavas un paisaje geomorfológico lacerado por la intensa erosión
Ramblas, barrancos y cárcavas constituyen uno de los más importantes sistemas geomorfológicos de los ambientes semiáridos murcianos, debido a que las lluvias caídas sobre estos espacios generan altos coeficientes de escorrentía que causan abultadas avenidas en los cursos de agua, activan procesos de erosión muy fuertes y producen muchos sedimentos.
La escorrentía superficial de estos sistemas está controlada, casi exclusivamente, por las lluvias, por ello, en un territorio seco como es el de Murcia, su hidrología es altamente irregular, estacional u ocasional. Sin embargo, las ramblas han desarrollado complejas redes de drenaje y amplios valles en forma de U. Cárcavas, barrancos y ramblas son sistemas hidrológicos y de erosión mediterráneos. La única diferencia notable entre estos tres sistemas es su dimensión. La erosión por agua está relacionada a la energía de la lluvia precipitada (erosividad) y a la resistencia de los materiales a ser erosionados (erosionabilidad). La fracción de agua que escapa a la evaporación y a la infiltración, origina la escorrentía superficial que, al principio circula de un modo laminar o difuso por las laderas y, casi siempre, acaba por concentrarse en surcos de diverso tamaño cuya secuencia, en síntesis es la siguiente:
FOTO 20. REGUEROS Y SURCOS SON CICATRICES ABIERTAS POR EL AGUA EN SUELOS DESNUDOS Y MAL PROTEGIDOS POR LA VEGETACIÓN. A LA IZQUIERDA EL CERRO DE LA PUEBLA DE MULA, MULA. FOTO F. LÓPEZ BERMÚDEZ.
Regueros o surcos: Incisiones elementales, longitudinales, temporales en suelos arcillosos, en alteritas y otros materiales, canalizadas por el micromodelado, la vegetación, etc. (FOTO 20). La profundidad varía entre algunos centímetros hasta unos 50. La anchura de algunos centímetros hasta un metro aproximadamente. La longitud de algunos metros. Pueden ser borrados con técnicas de cultivo normales, si se dejan evolucionar pueden desembocar en cárcavas.
Cárcavas o torrenteras: Indican una mayor agresividad erosiva debido a la concentración y mayor velocidad de los flujos hídricos. Las dimensiones, variables, pueden ser importantes. Profundidad de medio metro a dos, con perfiles casi siempre en V, anchura de 5 a 10 metros y desarrollo longitudinal de 20 a 100 y más metros (FOTO 21). Desde un punto de vista agronómico, el recuperar un terreno con cárcavas es costoso, requiere el uso de maquinaria potente.
FOTO 21. LAS CÁRCAVAS SON GEOFORMAS DE EROSIÓN MAYORES, AMPLIAMENTE EXTENDIDAS SOBRE MATERIALES BLANDOS. UN MAL MANEJO DEL SUELO POR EL HOMBRE PUEDE ACTIVAR SU DESARROLLO. ALBUDEITE. FOTO F. LÓPEZ BERMÚDEZ.
Barrancos: Aparecen cuando los tipos precedentes se agravan y las entalladuras se profundizan. Las dimensiones son importantes: profundidad superior a los 2 metros pudiendo llegar hasta los 10 o 12. La anchura de 10 a 20 m y su desarrollo longitudinal suele ser de varios centenares de metros. Los terrenos abarrancados son prácticamente irrecuperables. Si se intenta, requiere medios gravosos tanto técnicos como financieros.
FOTO 22. LA EXPRESIÓN MÁXIMA DE LOS PROCESOS DE EROSIÓN POR EL AGUA, SON LOS PAISAJES ABARRANCADOS O BADLANDS. SE HALLAN MUY EXTENDIDOS POR LAS CUENCAS RELLENAS DE MATERIALES BLANDOS, COMO LA DEL RÍO MULA. FOTO F. LÓPEZ BERMÚDEZ.
Ramblas: Son cauces de grandes dimensiones, la anchura muy variable puede llegar a superar los 100 m, los escarpes de su orillas los 20 o 30 metros y su recorrido es casi siempre kilométrico. Tienen fuerte capacidad de erosión y transporte. Casi siempre, las cabeceras de las ramblas y la inmensa mayoría de sus tributarios son barrancos. Las grandes ramblas de la Región de Murcia (Judío, Moro, Torrealvilla, Lébol, Benito, Cárcavo, Perea, Albudeite, Balonga, Salada, Algeciras, Nogalte, Garruchal...), por su elevada capacidad de transporte de caudales líquidos y sólidos, son responsables de muchas de las grandes avenidas que los ríos Segura, Guadalentín, Mula, Quípar, Argos, y Chícamo han registrado a lo largo de los tiempos. Por otro lado, las grandes ramblas litorales (Arejos, Ramonete, Pastrana, Villalba, Moreras, Valdelentisco, Cañar, Benipila, Miranda y Albujón), en régimen de avenida y por desembocar en el mar, son las que suministran enormes cantidades de sedimentos que construyen deltas y alimentan de arena las playas y regularizan el litoral (López Bermúdez y Gomariz Castillo, 2005).
Las densas redes de surcos, cárcavas, barrancos y ramblas instaladas en los sedimentos margo-arcillosos que rellenan las cuencas neógeno-cuaternarias de los ríos Guadalentín, Mula, Quípar y Chícamo, y de las grandes ramblas (Judío, Moro, Algeciras, Salada, Albudeite, Cárcavo, Moreras, Ramonete, etc.), en régimen de riada, contribuyen al vaciamiento inexorable de los materiales que tapizan estas depresiones topográficas originando, al mismo tiempo, unos paisajes lacerados, subdesérticos conocidos como badlands (FOTO 22).
Ramblas, barrancos y cárcavas constituyen los sistemas geomorfológicos e hidrológicos más representativos de los medios secos. Tienen un alto interés paisajístico, científico y para la biodiversidad. En la Región de Murcia, el conjunto conocido como los Barrancos de Gebas, en la cuenca de la rambla de Algeciras y, a caballo entre los municipios de Alhama y Librilla, fue declarado paisaje protegido en 1995. Ramblas, barrancos y cárcavas son unos sistemas de erosión y transporte de sedimentos que a la vez pueden servir de indicadores de fluctuaciones climáticas, cambios en los usos del suelo y, en definitiva, del riesgo de desertificación que sufre el territorio. En los últimos años, el crecimiento urbano en las cercanías de las ramblas, incluso en su lecho de inundación, ha transformado estas amenazas hidrológicas en un riesgo evidente que se ha plasmado y puede plasmarse en acontecimientos catastróficos.
FOTO 23. CORREDORES QUE ENMARCAN VASTOS GLACIS SON PAISAJES CARACTERÍSTICOS DEL ALTIPLANO JUMILLA- YECLA. SOBRE ESTAS GEOFORMAS, EL VIÑEDO, EL OLIVAR Y LOS CEREALES SON CULTIVOS CASI EXCLUSIVOS. CAMPO DE EL ARDAL. JUMILLA. FOTO F. LÓPEZ BERMÚDEZ.
El paisaje: los altiplanos
Son espacios elevados, entre los 500 y 1000 m, relativamente planos y rodeados por montañas. En la Región de Murcia se hallan en el Noreste (Jumilla-Yecla) y Noroeste (Campos de Caravaca y Campo de San Juan, Moratalla). Su topografía es suave, con pendientes poco acusadas. Son las tierras de secano, tierras de viñedos y cereales tradicionales que, en los últimos años están registrando una severa transformación por la puesta en cultivos de regadío, a expensas de las aguas subterráneas y a la aparición de urbanizaciones turísticas (FOTO 23). El Altiplano de la Región de Murcia, por excelencia, es el que da nombre a la comarca integrada por los municipios de Jumilla y Yecla. Es un territorio de transición entre la periferia mediterránea y La Mancha, una encrucijada de caminos entre la Meseta, el País Valenciano, Andalucía y el Valle del Segura (Morales Gil, 1972, 1986). El relieve está constituido por rocas carbonatadas que albergan importantes acuíferos. No existen cursos de agua superficiales permanentes, las ramblas son las protagonistas en su hidrología (Arabí, Cingla, Alquería, Jumilla, Raja, Moro y Judío). Algunos sectores son endorreicos al no tener drenaje hacia el río Segura por lo que, bajo períodos de lluvias copiosas pueden originarse algunas lagunas temporales. Al pie de las sierras de las Cabras, Cingla, Magdalena, Salinas, Serral, Enmedio, Carche, Buey, Santa Ana, Sopalmo y Larga, se extienden vastos conos aluviales y extensos glacis casi siempre recubiertos por costra caliza. Suelen ser el soporte de los cultivos del secano tradicional: viñedo, cereal, olivo y almendro. Encuadrados en el paisaje del Altiplano, se hallan algunos destacados lugares de interés geológico y geomorfológico tales como el Monte Arabí, los karsts de El Carche, Sopalmo, Santa Ana, Magdalena y otras, los glacis de la Sierra de Salinas, Buey y Magdalena, así como el magnífico diapiro de La Rosa.
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