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Capítulo II. El medio naturalMontañas robustas y erguidas, cumbres aplanadas, laderas empinadas, canchales ásperos, altiplanos alzados, cerros y lomas, valles encajados, gargantas y cañones, terrazas fluviales escalonadas, cuencas margosas laceradas, barrancos rasgados, ramblas omnipresentes, ríos serpenteantes, glacis extendidos, conos espaciosos, llanuras reducidas, litoral de encanto, karst fantasía en piedra..., el lenguaje secreto de la naturaleza. Leer el paisaje, descifrar y penetrar en el complejo entramado de la naturaleza, contemplar el territorio como paisaje significa introducir una clave de comprensión, mirar a la naturaleza desde la inteligencia y la sensibilidad, descubrir el significado de la vida. Además de aportar información vital del entorno donde viven los humanos, los paisajes naturales, provocan el sentimiento estético y hacen vivir emociones trascendentes (FOTO 1) . El paisaje representa uno de los aspectos esenciales de la calidad de vida, es indisociable de la sostenibilidad global, su diversidad y alto valor, constituye un re- curso, un patrimonio de toda la población de la Región de Murcia. |
Los paisajes geomorfológicos
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FOTO 28. LOS PAISAJES SON EL AROMA DE LA NATURALEZA, SINFONÍA Y ARMONÍA ENTRE MEDIO FÍSICO Y MEDIO HUMANO. LA AZOHÍA, CARTAGENA. FOTO F. LÓPEZ BERMÚDEZ.
El valor de los paisajes secos y el rechazo por lo árido
La naturaleza y sus paisajes son el gran escenario del sistema de interacción entre tectónica, relieve, clima, agua, suelo y biodiversidad. En los territorios secos, la naturaleza, al contrario de lo que se suele pensar, despliega una gran creatividad, por ello, es una de las mejores y más rica escuela que puede encontrarse por su enorme y sorprendente valor escénico, ambiental y recreativo. La comprensión acerca de los problemas de la naturaleza y del medio ambiente de la Región de Murcia, y de lo que se puede hacer para solucionarlos, debe comenzar con el conocimiento y valoración de lo que se posee: el entorno, los paisajes geomorfológicos envolventes en los que la población se halla sumergida más allá de las ciudades, es decir, la naturaleza misma, base de todo. El andar, observar, valorar y la experiencia de campo, es esencial para entender y disfrutar, de modo respetuoso, con los escenarios que la naturaleza ofrece.
Sin embargo, el valor de las calidades visuales, estéticas, ambientales, educativas de los paisajes secos no es comprendida por una gran parte de la sociedad, ya que se constata que la mayoría de los habitantes y usuarios de estas tierras áridas tienen una marcada preferencia o reacciones afectivas por los paisajes verdes, de vegetación frondosa (fitofilia o verdefilia) y con abundancia de agua en movimiento (hidrofilia), y el rechazo de los paisajes áridos (aridifobia). Resulta paradójico el rechazo de los paisajes secos pese a la familiaridad de estos ambientes, lo cual indica que el habituarse o acostumbrarse a estos paisajes no es garantía de aprecio (López Bermúdez, 1999). En esta aculturización tiene mucho que ver la desruralización del campo, el espectacular crecimiento de la población urbana, los tipos de paisaje de agua promovidos por la publicidad e incluso determinadas políticas ambientales y educacionales.
Estas apreciaciones sociales sobre los paisajes secos, considerados como yermos, ásperos, huraños, no productivos, antiestéticos y de escaso o nulo valor, son una de las principales causas de la degradación y destrucción acelerada de muchos geosistemas de alto valor por su geodiversidad, geoformo-diversidad y biodiversidad y, en con- secuencia, para su no conservación. Sin embargo, los paisajes secos murcianos despiertan interés por la fuerte impresión estética de su policromía, por la luz, su vigor, austeridad, por el contraste, variedad y, a veces, grandiosidad de sus geoformas, por su valor emocional. Los que saben ver la naturaleza, descubrirán un mundo estimulante, de gran belleza e interés.
Los paisajes secos de la Región de Murcia son un libro abierto al visitante y unos escenarios para la inspiración (FOTO 28). Sin embargo, no son valorados y, en consecuencia, despreciados; por ello han sido degradados o corren riesgo de deterioro por la concurrencia de diversos factores: roturaciones, contaminación de suelos y aguas, vertidos incontrolados, incendios, drenaje de humedales, abandono rural, determinadas prácticas motorizadas, turismo desordenado, etc. Todo ello ha desembocado en un preocupante incremento de procesos de degradación que puede conducir a la desertificación y que, a la vez, impida su durable conservación. Naturaleza y paisajes en armonía, como fuentes de inspiración y referencia, podría ser, y de hecho lo es en algunos colectivos, la filosofía de educadores, arquitectos, urbanistas, promotores, constructores, conservacionistas, ecologistas y de todos aquellos cuya actividad se desarrolle en el paisaje. Sensibilizar a la sociedad e instituciones públicas sobre la responsabilidad colectiva en el respeto y conservación del paisaje es una necesaria y noble tarea que la dignidad de la Tierra reclama.
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