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Capítulo IV. La organización del territorio: las comarcasLa comarca estaría formada por los municipios de Murcia, Alcantarilla, Santomera y Beniel, que constituyen los tradicionales de la Huerta y Campo de Murcia. También coinciden la mayoría de los autores en incorporar Molina de Segura, Las Torres de Cotillas y Alguazas. Lorquí y Ceutí cons- tituyen el límite polémico entre ambas comarcas, mientras que Archena se erige recientemente como la cabecera del Valle de Ricote. Los siete suman 1.183,4 km 2 y su agrupación obedece a cirterios de naturaleza funcional y de relaciones cotidianas de la población residente. |
Área Metropolitana de Murcia
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Dificultades en los cambios. La difícil sostenibilidad
FIGURA 5. LOCALIZACIÓN DE URBANIZACIONES Y VIVIENDAS UNIFAMILIARES EN EL AMM.
Desde principios de los ochenta se comenzó a atisbar la configuración de un espacio cuyo funcionamiento se asemejaba al de las áreas metro- politanas (Serrano, 1984, 1993). Ahora bien, ni siquiera las prospecciones más aventuradas auguraban transformaciones tan rápidas e intensas como las acaecidas, y se vislumbran nume- rosos indicadores que anuncian modificaciones aún mayores.
El Plan Estratégico de Murcia (1995) recogía diferentes transformaciones. El reciente PGOU del municipio capitalino (2000), seguido de otros planeamientos de los demás municipios del AMM abren la puerta legal para ello, apoyados en la propia legislación pertinente (CARM, 2001 y 2002). Los nuevos retos son de diferente naturaleza, abarcan al conjunto de este territorio. Los datos absolutos confirman la construcción de miles de viviendas durante los últimos años. De la magnitud de lo que sucede nos da idea el hecho de que el censo de 2001 cifraba en 196.395 las viviendas registradas en el espacio del AMM. Desde ese año a 2005, se ha dado licencia para construir 53.244 nuevas viviendas. En sólo cinco años se incrementará su parque inmobiliario un 25% sobre la cifra acumulada (FOTOS 8 y 9) . Sorprende más que los proyectos anunciados para los próximos años contemplen la construcción de miles de viviendas. De continuar este proceso pronto se duplicará el parque inmobiliario previo. Estas cifras conllevan modificaciones profundas en sus formas de poblamiento y en los cambios de usos de suelo. No se trata pues, sólo de calibrar las consecuencias derivadas del neto incremento inmobiliario; los nuevos modelos urbanos propiciados recogen formas y tipologías urbanísticas ale- jadas de la tradicional morfología compacta (Vicente, 2003; Mirloup,2004) (FIGURAS 5 y 6) .
Acondicionar cientos de hectáreas como nuevos espacios urbanizados, proporcionarles los servicios necesarios, conlleva una transformación violenta de los paisajes existentes; amenaza con modificar de manera sustancial la morfología del territorio. Al mismo tiempo plantea una serie amplia y compleja de nuevas necesidades (Izquierdo, 2004). Desde el suministro de agua -muy escasa en esta región- , su alto coste (González, 2005), hasta todo lo relacionado con la movilidad que precisa un espacio urbanizado de semejante naturaleza y envergadura (Ashers, 1995). Hacer frente a esos retos es una tarea de enorme trascendencia. Su propia gobernanza encierra serios problemas de coordinación -más aún si se llevan a cabo las segregaciones anunciadas- para que su gestión se mantenga dentro de cauces ordenados (Van den Berg y otros, 1995). Los riesgos de fragmentación urbana son evidentes (Madoré, 2004), acrecentados ante el auge de los nuevos modelos de expansión urbana (Leal, 2002; Le Hoix, 2001). Su sostenibilidad futura parece comprometida. Pues no se debe olvidar que el AMM se incardina en un medio natural muy frágil (Thornes, 2006). Aún sien- do escrupulosos con el respeto a la legalidad, inquieta contemplar la magnitud de la transformación que está afectando a este espacio metropolitano, más cuando sus bases económicas no se presentan con suficiente solidez. Constituye un riesgo palpable hacer del propio crecimiento urbano, y lo que conlleva aparejado, un motor esencial de su desarrollo económico. Consideramos que todo ello es un asunto de suficiente enjundia sobre el que conviene reflexionar.
Acondicionar cientos de hectáreas como nuevos espacios urbanizados, proporcionarles los servicios necesarios, conlleva una transformación violenta de los paisajes existentes; amenaza con modificar de manera sustancial la morfología del territorio.
FIGURA 6. UBICACIÓN DE NUEVAS “ÁREAS RESIDENCIALES” EN PROYECTO Y EN CURSO DE REALIZACIÓN EN EL AMM.
FOTO 9. LA CONSTRUCCIÓN DE NUEVOS BARRIOS QUE AMPLÍAN EL CASCO URBANO CONSOLIDADO SE PRODUCE, EN CIERTOS CASOS, A FUERTE RITMO. FOTO J. M. SERRANO.
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